Las urnas hablan: Colombia busca superar la polarización
Las votaciones de las consultas del pasado 8 de marzo han revelado un panorama político fascinante en Colombia. Mientras los dos extremos del espectro político convocaban activamente a la no participación, la respuesta ciudadana fue contundente: se contabilizaron 7 millones de votos válidos en estos procesos, lo que equivale al 36,4% de los votos obtenidos por el Senado en elecciones anteriores.
Un mensaje claro contra los extremos
El mensaje de las urnas es inequívoco: existe un sector significativo del país que no se identifica con los discursos radicales y que probablemente será determinante en la elección del próximo presidente. Las otras dos terceras partes del electorado ya están claramente posicionadas, una a cada lado del espectro político, y su principal desafío será retener a sus votantes para que no migren hacia ese tercer camino emergente que propone transitar desde los odios hacia la esperanza.
Cada proceso electoral transforma la sociedad y permite aprendizajes colectivos. En este caso, podría estar gestándose una opción política nueva que rompe con los moldes tradicionales. La polarización, según estos resultados, no parece ser la estrategia ganadora en el actual contexto colombiano.
La reconfiguración de las identidades políticas
Como señala Daniel Soufi en su artículo "Declive de la conciencia de clase", la conflictividad social contemporánea no puede entenderse simplemente como una sustitución de la lucha de clases por rivalidades identitarias, sino como una reconfiguración profunda de sus formas de expresión. El declive de la conciencia de clase está siendo reemplazado por expresiones colectivas más complejas y matizadas.
Este fenómeno global se está manifestando claramente en las recientes votaciones colombianas y en la encuesta de Atlas Intel del 12 de marzo. Durante gran parte del siglo XX, el trabajo funcionó como eje organizador principal de la experiencia social. La fábrica, el barrio obrero, el sindicato y ciertas formas de sociabilidad cotidiana generaban vínculos de identificación relativamente estables.
La nueva realidad social
Hoy ese entramado social es considerablemente más heterogéneo. La fuerza laboral incorpora trayectorias, géneros, edades, nacionalidades y expectativas mucho más diversas. Esta pluralización puede enriquecer la vida social, pero también dificulta la construcción de narrativas compartidas que unifiquen a grandes colectivos.
El trabajador contemporáneo ya no se percibe necesariamente como parte de una clase social definida, sino como individuo que compite, consume, aspira y gestiona de manera privada sus problemas. A esta transformación se suma una cultura crecientemente individualista, alimentada por las redes sociales, donde el consumo y la autoimagen ocupan un espacio que antes correspondía a la pertenencia social.
La emergencia de un nuevo colectivo
Muchas personas con condiciones de vida propias de la clase trabajadora prefieren imaginarse como clase media, o incluso como futuros beneficiarios del sistema. En este contexto, el malestar social no se organiza necesariamente contra las estructuras que generan desigualdad, sino que se desplaza hacia la rivalidad entre diferentes colectivos.
Las votaciones y la encuesta de Atlas Intel muestran claramente que en Colombia está emergiendo un nuevo colectivo político que no se identifica con posiciones radicales basadas en el odio, el miedo o la venganza. Simplemente aspiran a vivir bien y en paz, priorizando la estabilidad y el bienestar colectivo sobre las confrontaciones ideológicas.
Manifestaciones concretas del cambio
Esta tendencia se manifestó no solo en las altas votaciones obtenidas por figuras como Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, sino también en un resultado que no aparecía en el radar de las encuestas: las listas al Senado de la Alianza por Colombia obtuvieron 1,9 millones de votos, con nuevas figuras que desplazaron a los tradicionales representantes de este movimiento, como Lucho Garzón y Jorge Robledo.
Lo crucial en este momento es que este hecho político -la emergencia de un nuevo camino- pueda atraer a votantes actualmente afincados en ambos extremos. La encuesta de Atlas Intel revela que Paloma Valencia ya logró captar una porción significativa de votantes que antes apoyaban a Abelardo de la Espriella, al mismo tiempo que contuvo el crecimiento de Iván Cepeda.
Estamos ante un momento histórico interesante para la democracia colombiana, donde las divisiones tradicionales podrían estar dando paso a nuevas configuraciones políticas más incluyentes y menos confrontacionales. La sociedad colombiana parece estar buscando activamente alternativas a la polarización que ha marcado su vida política en años recientes.
