Debate presidencial peruano expone fracturas políticas en vísperas electorales
El escenario político peruano se encuentra en un momento de máxima tensión mientras avanza el debate presidencial de 2026, evento que reúne a los 35 candidatos en contienda durante seis jornadas consecutivas. La segunda noche del encuentro dejó al descubierto la profunda polarización que caracteriza la campaña electoral, con momentos de alta confrontación que reflejan las divisiones sociales del país andino.
Enfrentamiento directo entre los favoritos
Keiko Fujimori, líder de la derecha tradicional e hija del expresidente Alberto Fujimori, mantiene el primer lugar en las encuestas con un 13% de intención de voto. Su principal contendiente, Rafael López Aliaga, conocido popularmente como Porky y exalcalde de Lima, le sigue de cerca con un 11%. Entre ambos se produjo el intercambio más comentado de la noche.
Durante el debate, Fujimori extendió una mano a López Aliaga con una propuesta de alianza estratégica, argumentando que sus verdaderos adversarios se encontraban en la izquierda política y que la mayoría de peruanos deseaba verlos competir en segunda vuelta. La candidata expresó públicamente su deseo de éxito para su rival y esperaba una respuesta favorable.
Sin embargo, López Aliaga rechazó la propuesta sin ambages, recordándole a Fujimori que su partido tuvo mayoría absoluta en el Congreso durante años y no aprovechó esa ventaja para implementar las reformas que Perú necesitaba. La tregua propuesta murió antes de nacer, manteniendo el tono combativo que caracterizó toda la jornada.
Descalificaciones cruzadas y referencias históricas
El resto de candidatos no se mantuvo al margen del clima de confrontación. La exministra Marisol Pérez Tello, del partido Primero la Gente, acusó directamente a Fujimori y López Aliaga de haber llevado al país al caos actual, recordándole a la primera candidata que el 90% de los peruanos no la quiere, en referencia a sus tres derrotas consecutivas en segunda vuelta.
Fujimori respondió afirmando que la izquierda le había "envenenado el corazón con odio y mentiras", defendiéndose de las acusaciones vinculadas al escándalo de la constructora brasileña Odebrecht. Aseguró ser "el terror de esa empresa" mientras señalaba que el partido de López Aliaga tiene un juicio abierto por presuntamente haber recibido dinero de la misma firma.
Charlie Carrasco, del Partido Demócrata, expresó su descontento de manera más directa, afirmando sentir "náuseas de estar junto a la jefa del pacto mafioso" en referencia a Fujimori, y junto a "Porky". Mesías Guevara, candidato del Partido Morado, evocó el autogolpe de Estado que Alberto Fujimori ejecutó el 5 de abril de 1992, prometiendo programas de empleo para Keiko, a quien calificó como alguien que "ni trabaja ni estudia". Fujimori respondió llamándolo "troll y cobarde".
Simbolismo político y ausencias notables
El candidato izquierdista Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, quien ocupa el cuarto lugar en las encuestas con un 6,1%, hizo campaña con el sombrero campesino de Cajamarca que caracterizó al expresidente Pedro Castillo, actualmente encarcelado. Prometió liberarlo, democratizar la riqueza del país y liberalizar la minería a título personal. En su intervención, llamó a Fujimori y a López Aliaga "supaypa wawa", expresión quechua que significa "hijo del diablo".
Francisco Díez Canseco, de Perú Acción, advirtió a los jóvenes que no se dejaran engañar por el uso del sombrero de Castillo, recordando que Sánchez tiene investigaciones abiertas por tráfico de influencias, uso indebido de recursos públicos y falsificación de documentos.
En la misma jornada participaron también Mario Vizcarra, hermano del expresidente Martín Vizcarra; Roberto Chiabra, de Unidad Nacional; Herbert Caller, del Partido Patriótico; y Paul Jaimes, de Progresemos. Quien no se presentó fue Vladimir Cerrón, del partido marxista Perú Libre, que se encuentra prófugo de la justicia con una orden de prisión preventiva en su contra.
Formato del debate y contexto electoral
Del total de 35 candidatos a la presidencia del Perú, en cada jornada electoral de debate participan 12, divididos en cuatro grupos de tres integrantes. Los participantes responden un total de 80 preguntas que son sorteadas al inicio del evento frente a un notario público, garantizando transparencia en el proceso.
Los peruanos se preparan para elegir presidente el 12 de abril de 2026 en un contexto político marcado por la fragmentación y la polarización. Con 35 candidatos representando diferentes partidos políticos, el debate se ha convertido en el escenario donde se manifiestan las tensiones acumuladas y las diferencias ideológicas que dividen al país.



