Elecciones en Colombia: El dinosaurio político persiste y las expectativas ciudadanas se desvanecen
Elecciones en Colombia: El dinosaurio político persiste

Elecciones en Colombia: El dinosaurio político persiste y las expectativas ciudadanas se desvanecen

Una vez más, las expectativas superaron la realidad en el panorama electoral colombiano. Las elecciones que acaban de concluir no representan para el ciudadano común ni motivo de celebración ni semillas de esperanza genuina. El dinosaurio del sistema político sigue ahí, inmutable y desafiante, demostrando que cambiar este monstruo de siete cabezas requerirá esfuerzos titánicos que quizás las generaciones actuales no lleguen a conocer en su totalidad.

La confusión entre maquinarias e instituciones

Mientras tanto, corremos el riesgo colectivo de confundir las maquinarias electorales con instituciones sólidas y duraderas. También existe la peligrosa tendencia a equiparar reglas formales con transparencia real, y a normalizar clanes instalados y prácticas corruptas como si fueran dinámicas políticas necesarias e inevitables.

Salvo contadas y honrosas excepciones, en estas elecciones perdió el voto de opinión consciente y reflexivo. ¿Cómo explicar si no que algunos de los candidatos más votados pertenezcan a supuestos "partidos" que no se movilizaron, no se expresaron públicamente y que prácticamente nadie conocía antes de su elección?

Los grandes perdedores simbólicos

Hubo otros perdedores significativos en el ámbito simbólico, aunque contradictorios en su naturaleza:

  • La altisonancia vacía de contenido
  • La incoherencia programática
  • La crítica constante como único discurso
  • La soberbia como expresión política
  • El mal aliento persistente de la "farsándula"
  • La fiebre con tos del seudoactivismo
  • El espectáculo como táctica única
  • La sapería oportunista
  • Las traiciones y volteretas constantes
  • La insensatez como estrategia

Algo es algo: al menos estos elementos nocivos recibieron un revés simbólico.

Fenómenos políticos atrapados en su propio laberinto

Quedan enredados en su laberinto particular diversos fenómenos políticos marcados por la discontinuidad y la falta de coherencia. Resulta imposible visualizar a figuras como Oviedo como moderados genuinos, considerando su deuda histórica con sectores de derecha. Se plantearon obstáculos insalvables porque ser fórmula vicepresidencial representa un imposible para el clientelismo que lo requiere y demanda.

La paz, tema crucial para Colombia, no demostró ser un asunto particularmente seductor durante la campaña electoral. Quedan como náufragos políticos aquellos candidatos que, provenientes de todas las tendencias, casi alcanzaron sus objetivos y ahora buscan desesperadamente al mejor postor para su capital político residual. Intentarán vender caro su fracaso relativo.

El centro como comodín político

Y solo queda el centro político como comodín estratégico. Primero, por la victoria pírrica de Claudia López, y segundo, porque ya no queda Sergio Fajardo disponible para ese desafío particular. Sin partidos sólidos ni idearios claros, esa parte del espectro político queda abandonada a su suerte, sujeta a los devaneos seductores de Paloma, a pesar de su tufillo indisociable al país viejo, a herencias sucesivas que se arrastran desde hace 50 años, desde hace 20 años, desde hace ocho años; y también sujeta a los malabares retóricos de su principal rival.

La derecha: batalla a campo abierto

Allá, en el espectro de la derecha política, queda planteada una batalla a campo completamente abierto, sin árbitros efectivos y donde todo parece valer. Esta contienda se desarrolla bajo la mampara protectora de las encuestas y de las figuras vicepresidenciales. Para cuando se resuelva esta pugna interna, tal vez sea demasiado tarde para alimentar otras expectativas ciudadanas; los actores principales ya están demasiado comprometidos en sus propias dinámicas de poder.

La conclusión es clara: el dinosaurio político colombiano sigue en su lugar, y las esperanzas de cambio profundo y estructural parecen postergarse una vez más, mientras la ciudadanía observa con escepticismo creciente.