Colombia ante elecciones: reflexión histórica sobre odios ideológicos y construcción de país
En este año electoral donde los colombianos elegirán presidente, el ambiente político se caracteriza por una creciente acentuación de rabias ideológicas y odios partidistas que evocan tiempos oscuros de la historia nacional. La situación actual presenta preocupantes paralelos con la época de la Violencia entre liberales y conservadores, conflicto fratricida que dejó aproximadamente 300 mil muertos regados en los campos de una Colombia entonces pobre y abandonada.
Herencia de un pasado doloroso
Durante aquel periodo trágico, la simple condición de ser liberal o conservador bastaba para justificar una puñalada o un disparo. Familias enteras fueron perseguidas por su filiación política, incluyendo la del columnista que, por identificarse como conservadora, enfrentó hostigamiento y peligro. Afortunadamente, esa etapa superada permitió que nuevas generaciones se educaran entre libros, alejadas de ideologías que bebían sangre y preservadas de esos odios ancestrales.
Resulta revelador contrastar este pasado violento con los casi tres siglos de relativa paz política que vivió el territorio desde la Conquista hasta la Independencia. En ese prolongado periodo, los problemas ideológicos contemporáneos simplemente no existían, y las categorías de conservador o liberal carecían de relevancia para la vida cotidiana. Las muertes por motivos partidistas eran inexistentes, limitándose los conflictos principalmente a delitos comunes como abigeato, disputas por recursos hídricos, problemas de linderos, infidelidades o riñas bajo efectos del alcohol.
Independencia y ciclo de violencia
Desde los procesos independentistas, Colombia no ha cesado de matarse internamente, con sangre que ha corrido hacia los ríos de manera casi ininterrumpida. Caudillos regionales, frecuentemente finqueros con poder económico, reunían grupos de labriegos y se autoproclamaban generales, alimentando conflictos armados. La última gran batalla de esta dinámica fue Palonegro, donde miles perdieron la vida absolutamente para nada, en un sacrificio inútil que marcó profundamente la memoria nacional.
Elecciones actuales y llamado a la cordura
Lamentablemente, con las elecciones que se aproximan, se observa cómo se arma nuevamente la palabra no con argumentos sólidos sino con agresiones gratuitas. Falta voluntad genuina para construir país mediante proyectos sociales, agrícolas y empresariales que realmente saquen a Colombia de la pobreza, que eduquen a su población, mejoren el sistema de salud y fomenten la fraternidad nacional.
Si bien todos los candidatos ya han escogido sus fórmulas vicepresidenciales y están conformando sus equipos de gobierno, existe el riesgo de que estos grupos aíslen a los aspirantes en lugar de ayudarlos a gobernar para todos los colombianos, no solo para su "partidito". Por el bien superior de la nación, es imperativo deponer rencores históricos y alcanzar acuerdos fundamentales que trasciendan divisiones artificiales.
Propuestas para un país renovado
Se requiere educar a los colombianos de manera integral, no superficial, cambiando el modelo educativo hacia uno más realista y acorde con las condiciones específicas del país. Es urgente proporcionar vivienda digna a los sectores más pobres de la población, tarea para la cual existen suficiente creatividad y talento arquitectónico nacional.
Entre las iniciativas transformadoras se propone sembrar frutales en calles y carreteras para beneficio de niños y aves, convertir espacios públicos en parques y bibliotecas, traer organismos internacionales para apoyar la reconstrucción nacional, e invitar a expertos en protección de ríos, tierras, bosques y selvas. Fundamentalmente, se debe educar a la juventud sin inculcarle odios ideológicos que reproduzcan ciclos de violencia.
La política como ejercicio de inteligencia colectiva
La auténtica política, digna de su nombre, no debería constituir un campo de batalla entre compatriotas sino un ejercicio de inteligencia colectiva, de cuidado por lo común y de respeto irrestricto por la vida. Esta visión puede parecer ambiciosa en el contexto actual, pero representa la única vía para romper definitivamente con patrones históricos de confrontación estéril. La pregunta final resuena con fuerza: ¿realmente es pedir demasiado?



