Santander enfrenta decisión crucial en elecciones: voto debe castigar mala gestión congresional
Santander decide: voto debe castigar mala gestión congresional

Santander se enfrenta a una decisión trascendental en las urnas

A escasos ocho días de las elecciones, el departamento de Santander se encuentra ante una decisión crucial que marcará su futuro político inmediato. Los ciudadanos deberán elegir a siete representantes a la Cámara y votar por candidatos santandereanos al Senado de la República. Este proceso electoral ocurre en un contexto marcado por una polarización severa y la percepción de un Gobierno Nacional que, según muchos analistas, ha desestimado las necesidades regionales.

Un cuatrienio de gestión nefasta que no puede repetirse

La evaluación del trabajo de los representantes y senadores que obtuvieron votos en Santander durante el último período es, salvo contadas excepciones, abrumadoramente negativa. Los resultados concretos de esta mala gestión son evidentes para toda la ciudadanía:

  • Presupuesto que no llegó a las comunidades necesitadas
  • Pocas leyes promovidas desde la bancada santandereana
  • Control político prácticamente inexistente
  • Atraso vial vergonzoso en múltiples corredores estratégicos
  • Exclusión del departamento en las altas inversiones nacionales

Esta situación ha generado un clamor ciudadano que exige cambios profundos en la representación política. Los votantes no pueden darse el lujo de elegir mal nuevamente, especialmente cuando las consecuencias de una mala elección ya son palpables en el desarrollo regional.

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El desafío de elegir entre 81 aspirantes en 13 listas

La tarea electoral no es sencilla para los santandereanos. Deben escoger entre 81 aspirantes distribuidos en 13 listas a la Cámara de Representantes. Estas listas están conformadas principalmente por los clanes regionales que ubican "fichas" estratégicas en posiciones privilegiadas para asegurar cupos, utilizando al resto de candidatos como simples recolectores de votos para alcanzar el umbral necesario.

Sin embargo, existe esperanza dentro de este complejo panorama electoral. En esas mismas listas se encuentran personas preparadas, con trayectorias limpias y méritos suficientes para representar dignamente a Santander. Paralelamente, también hay aspirantes cuestionados y algunos que, con descaro, buscan repetir en sus cargos pese a los resultados negativos obtenidos durante su gestión anterior.

La pérdida del peso político santandereano en decisiones nacionales

Santander ha perdido influencia significativa en las decisiones nacionales debido a la falta de pujanza de sus congresistas actuales. Cómo se añora la época de líderes como Horacio Serpa, Alfonso Gómez, Hugo Serrano, Ciro López, Jorge Sedano, Feisal Mustafá o Rodolfo García, quienes, más allá de sus diferencias ideológicas, hacían sentir el peso del voto santandereano en la capital del país.

Sus sucesores, en cambio, han representado una decepción colectiva y, sin prestigio alguno, han pretendido gobernar en cuerpo ajeno para seguir succionando recursos del erario público. El ejemplo más doloroso de esta degradación política es el secuestro del conservatismo regional por una figura cuestionada que ha practicado un descarado nepotismo, incluyendo el favorecimiento de familiares directos.

La desfachatez política y la responsabilidad ciudadana

Existe tanta desfachatez e insolencia con el elector que ya no importa estar cuestionado judicial o administrativamente para aspirar al Congreso. Lo que realmente interesa a estos actores es el poder y llegar a él como sea, sin importar los medios utilizados.

Esta situación hace recordar la máxima atribuida a Sócrates: "Existe algo mucho peor que un político corrupto, y es el ciudadano que ingenuamente lo defiende". Por esta razón, es hora de romper las hegemonías políticas establecidas y devolverle a Santander su dignidad política perdida.

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El imperativo del voto consciente y responsable

Es imperativo votar por líderes con capacidad de gestión auténtica, que respondan al clamor ciudadano y que no actúen impulsados por el odio, la mermelada (clientelismo) o la sumisión notarial al Ejecutivo nacional, tal como sucedió en este cuatrienio. A quienes fallaron en su gestión se les debe castigar negándoles el voto, mientras que a quienes demuestran preparación y honestidad hay que apoyarlos decididamente.

El voto de opinión debe prevalecer por encima del voto de las maquinarias políticas. Santander necesita representantes que sean leales a los santandereanos y no cómplices de padrinos políticos. Esta elección representa una oportunidad histórica para corregir el rumbo y recuperar la voz que el departamento ha perdido en el escenario nacional.