Seguridad en campaña: ¿Quién es más duro, Paloma o Abelardo?
Seguridad en campaña: Paloma vs Abelardo

La seguridad sigue siendo uno de los temas que más pesa en la campaña presidencial. En medio de discursos de mano dura, promesas de más autoridad y propuestas para enfrentar el crimen organizado, un informe de Bogotá Cómo Vamos puso la lupa sobre los programas de gobierno de varios candidatos y dejó una comparación clave: no todos hablan de seguridad desde el mismo lugar.

Uno de los contrastes más llamativos aparece entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella. Ambos han construido parte de su discurso alrededor del orden, la justicia y la respuesta estatal frente al delito, pero el análisis muestra que sus enfoques no son iguales. Como quien dice, los dos hablan de seguridad, pero no necesariamente están proponiendo el mismo camino. Y si la pregunta es quién aparece con un mensaje más duro, directo y concentrado en control del delito, el informe deja mejor parado a De la Espriella.

De la Espriella: más contundencia en control del delito

Según el boletín, De la Espriella concentra cerca del 60 % de su discurso en seguridad en el control del delito y no hace referencia a la prevención, siendo el único caso con esa característica dentro de los programas analizados. Esto significa que su propuesta se mueve principalmente en medidas de reacción y contención del crimen: control territorial, inteligencia, recuperación de zonas, lucha contra estructuras criminales y fortalecimiento de herramientas punitivas o de presencia estatal.

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En la ficha de su programa, el informe identifica como enfoque principal el control del delito, como actor más mencionado el crimen organizado y como concepto asociado la justicia. Además, recoge propuestas como el control territorial, el llamado “Plan Colombia II”, el bloqueo anticorrupción y la megacárcel del ASEP.

En palabras simples: De la Espriella plantea una seguridad más centrada en golpear el delito y recuperar autoridad. Esa línea lo ubica, según el mapa de proximidad del informe, como una candidatura más distante frente a enfoques amplios o equilibrados, y más cercana a Miguel Uribe Londoño por su énfasis en el control.

Ese es justamente el punto en el que supera a Paloma Valencia: su propuesta no dispersa tanto el mensaje. Mientras Valencia reparte su enfoque entre varios frentes, De la Espriella aparece con una narrativa más definida para quienes buscan una respuesta de autoridad, choque frontal contra el crimen organizado y control territorial. En campaña, esa claridad puede jugarle a favor porque el elector identifica rápidamente cuál es su apuesta central.

Paloma Valencia: control, pero con más combinación de enfoques

El caso de Valencia es distinto. El informe ubica su propuesta con una tendencia hacia el control del delito, pero no como una apuesta aislada. Bogotá Cómo Vamos señala que Valencia, al igual que otros candidatos, combina prevención y control, aunque con mayor peso en el segundo.

En su ficha, el boletín identifica como enfoque principal la prevención del delito, como actor más mencionado el crimen organizado y como concepto asociado la justicia. Además, recoge propuestas como el fortalecimiento de la Fuerza Pública, política antidrogas, control territorial, justicia digital y cárceles y reincidencia.

Esto marca una diferencia importante frente a De la Espriella. Mientras él aparece con una concentración fuerte en control del delito y sin referencia a prevención, Valencia se mueve en una zona más amplia del espectro, con presencia en varios módulos y submódulos del análisis.

Paloma es más amplia, Abelardo es más directo

El informe explica que varias candidaturas se mueven en un mismo espectro de propuestas, pero lo que realmente las diferencia es el énfasis: no tanto qué temas incluyen, sino cuánto peso les dan dentro de su visión de seguridad.

Ahí está la clave de esta comparación. De la Espriella apuesta por una narrativa mucho más cerrada sobre control del delito. Valencia también incluye control, pero con una estructura más diversa, donde aparecen justicia, crimen organizado, fuerza pública, cárceles y algunos elementos de prevención.

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Eso puede leerse de dos maneras. Desde una mirada técnica, Paloma ofrece una propuesta menos rígida y con más componentes. Pero desde una lectura electoral, Abelardo la supera en un punto concreto: logra posicionar un mensaje de seguridad más fácil de entender, más asociado a mano dura y con mayor concentración en el problema que hoy más se mueve en redes y en conversación ciudadana, que es el miedo al delito.

El debate no es menor. En un país donde la ciudadanía pide respuestas rápidas frente al crimen, el riesgo es que las propuestas se queden solo en sonar fuertes. Bogotá Cómo Vamos advierte que muchos programas tienen vacíos de financiación, baja claridad operativa y poca profundidad en asuntos estructurales. Por eso, más allá de quién suene más duro, la pregunta de fondo es otra: cuál propuesta explica mejor cómo se va a implementar, con qué recursos y con qué resultados medibles para la ciudadanía.