Colombia enfrenta tres consultas presidenciales con una sola competencia real
Tres consultas presidenciales, solo una competencia real

Colombia se prepara para tres consultas presidenciales con una sola competencia real

El próximo 8 de marzo, mientras los colombianos elijan la nueva composición del Congreso de la República, también tendrán que votar en tres consultas presidenciales que aparecen claramente diferenciadas en el tarjetón electoral. Sin embargo, un análisis detallado revela que solo una de estas consultas representa una competencia democrática genuina.

El diseño de las consultas define su sentido democrático

Las consultas presidenciales no fueron concebidas como vitrinas individuales ni como mecanismos para reforzar candidaturas ya consolidadas. Su propósito fundamental es permitir que varios precandidatos que comparten un espacio político compitan en condiciones relativamente equivalentes, para que los ciudadanos definan quién los representa mejor. La consulta debe ser un filtro competitivo, no una formalidad protocolaria.

Cuando se examina el tarjetón con detenimiento, las diferencias entre las tres consultas se vuelven evidentes. En la Consulta de las Soluciones aparecen únicamente dos nombres: Claudia López y un único contendiente. No se trata de una coalición amplia ni de un grupo numeroso de aspirantes que se midan en igualdad de condiciones. Es un escenario binario donde el nivel de reconocimiento, trayectoria y posicionamiento es abrumadoramente desigual. Más que una competencia abierta, parece una ratificación con acompañamiento simbólico.

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El Frente por la Vida: otra consulta con resultado previsible

En el bloque del Frente por la Vida ocurre una situación similar. Allí figuran cinco nombres, entre ellos Roy Barreras. Pero no estamos ante una convergencia diversa de liderazgos nacionales con fuerzas políticas equiparables. Es un grupo donde tres de los candidatos que se están midiendo hacen parte del partido político de Roy Barreras. La consulta no genera incertidumbre real sobre el resultado y refleja el cinismo de un personaje que se burla del sistema democrático cada vez que tiene la oportunidad.

La Gran Consulta por Colombia: la única competencia real

Distinto es el caso de la Gran Consulta por Colombia. Nueve precandidatos, provenientes de distintas corrientes y movimientos, compiten entre sí. Algunos con trayectoria reconocida, otros emergentes. Algunos con estructura partidista consolidada, otros construyendo desde abajo. Es la única donde la pregunta es genuina.

En esta consulta, aunque existe un "favoritismo estructural" hacia Paloma Valencia, no hay un ganador cantado. Hay disputa interna, hay riesgo político, hay posibilidad real de que el voto ciudadano incline la balanza. Esta diferencia no es menor, pues representa la esencia misma de lo que debería ser una consulta presidencial.

La democracia interna exige incertidumbre real

La esencia de una consulta presidencial no es llenar un tarjetón con fotos. Es generar competencia auténtica. Cuando el resultado es previsible desde el diseño mismo del mecanismo, la consulta pierde su sentido y se convierte en una herramienta de validación anticipada.

La democracia interna exige incertidumbre. Exige que los candidatos tengan que convencer, debatir, disputar apoyos. No simplemente confirmar lo que ya está decidido en el imaginario colectivo. El 8 de marzo veremos tres bloques en el tarjetón, pero solo en uno la ciudadanía decidirá entre opciones que realmente están compitiendo. Solo en uno el resultado no está escrito de antemano.

Por eso, aunque aparezcan tres consultas en el papel, en esencia solo hay una que cumple con los requisitos democráticos mínimos para considerarse una competencia real. Las otras dos parecen más bien ejercicios de legitimación anticipada que procesos de selección genuina.

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