La fórmula Valencia-Oviedo: Un giro estratégico para la derecha colombiana
Esta semana marcó un hito en el panorama político nacional. Por primera vez en los tres años y medio de gobierno de Gustavo Petro, la agenda noticiosa no estuvo dominada por escándalos gubernamentales o polémicas presidenciales. El centro de atención fue la selección del vicepresidente por parte de Paloma Valencia, la candidata ganadora de la Gran Consulta por Colombia.
Un anuncio cargado de simbolismo
El proceso estuvo lleno de rumores, vaivenes y suspenso. Hasta el último momento existían dudas sobre si prosperaría la dupla con Juan Daniel Oviedo, el exdirector del Dane cuya posición sobre el acuerdo de paz con las Farc representaba un punto de conflicto potencial con el uribismo tradicional.
Sin embargo, parece que al Centro Democrático le importa más ganar las próximas elecciones que continuar litigando un pleito que ya cumple una década. Los excombatientes de las Farc ya pasaron por el Congreso -donde muchos consideran que nunca debieron estar- y posteriormente se retiraron. Su proyecto político fracasó en construir una organización autosuficiente y las reparaciones a las víctimas nunca se materializaron como se había prometido.
Cambio de enfoque estratégico
El uribismo debe continuar buscando que los militares reciban un trato equitativo en la Jurisdicción Especial para la Paz, pero la oposición al acuerdo de paz se ha convertido en un lastre electoral. La ciudadanía actualmente está más preocupada por la situación de seguridad presente que por lo negociado hace diez años. La incorporación de Oviedo podría ayudar al partido a comenzar a pasar esa página histórica.
La fórmula integrada por una mujer y un hombre homosexual representa otro aspecto significativo. Esta combinación debilita los estereotipos machistas, antiliberales y "antiderechos" que frecuentemente se atribuyen a la derecha colombiana. Simultáneamente, le arrebata a la izquierda el monopolio de la representación de grupos tradicionalmente discriminados, específicamente las mujeres y la comunidad LGBT.
La batalla por la representación
Desde sectores de izquierda ya se argumenta que no basta con pertenecer a un grupo para representarlo adecuadamente -se requiere además tener las ideas "correctas" aprobadas por el partido. Esta postura limita la libertad y autonomía del individuo, como demostró Petro cuando cuestionó cómo alguien podía ser negro y conservador simultáneamente.
Se trata de una variante moderna del viejo concepto marxista de "falsa conciencia": si alguien no comparte las ideas preestablecidas para su grupo identitario, se asume que está en un estado de ignorancia o autoengaño. Esto implica cuestionar su capacidad de agencia, lo cual constituye una forma de menosprecio.
Simbolismo y sustancia
El anuncio de la fórmula no se realizó en un club exclusivo o hotel de lujo, sino en El Gran San, un centro comercial popular. Este escenario fue un acierto simbólico: el primer requisito para reducir la pobreza es tener un gobierno amigo -no enemigo- de la industria, el comercio y la iniciativa privada. En términos de simbolismo político, muchos prefieren un centro comercial popular sobre cualquier espada de Bolívar.
La importancia del equipo Valencia-Oviedo trasciende su potencial electoral inmediato. Apunta hacia una posible modernización de la derecha colombiana sin renunciar a banderas cruciales como la seguridad y el crecimiento económico. Además, socava la pretensión de la izquierda de ser la única intérprete legítima de quienes han sido maltratados por estructuras sociales obsoletas.
Aquellos que se identifican con una derecha liberal podrían encontrar en este espacio político renovado un lugar donde sentirse representados. La fórmula representa tanto un cambio generacional como una evolución ideológica dentro del espectro político colombiano.
