La ansiedad de los burócratas revela su verdadera motivación: el poder
Ansiedad de burócratas revela su motivación: el poder

Indalecio Dangond lanza una crítica mordaz contra varios políticos que participaron en la Gran Consulta por Colombia. Juan Manuel Galán, David Luna, Juan Daniel Oviedo, Enrique Peñalosa, Aníbal Gaviria y Mauricio Cárdenas anunciaron que no respaldarían a Abelardo de la Espriella en una eventual segunda vuelta. Para Dangond, esta declaración es una radiografía del momento político del país, mostrando a un grupo de viudos del poder dispuestos a cualquier pacto para mantener sus privilegios.

Un mensaje claro del establecimiento

El primer mensaje de esta postura es evidente: este sector del establecimiento no está dispuesto a apoyar ninguna alternativa que cuestione el andamiaje político y burocrático que ellos mismos construyeron. El segundo mensaje es aún más revelador: saben que no tienen cómo disputar el paso a segunda vuelta frente a candidaturas que sí conectaron con el pueblo. El tercero, quizá el más preocupante, es la persistencia de una visión patrimonialista de la política, como si los votos obtenidos en una consulta fueran endosables, ignorando que los ciudadanos votan por convicción, no por obediencia.

Un libreto repetido

Lo realmente escandaloso no es la jugada, sino que haya vuelto a funcionar sin pudor ni resistencia. Otra vez se abrió la puerta al caballo de Troya, confundiendo infiltración con alianza. El establecimiento siempre ha operado así: se infiltra, se camufla y traiciona cuando siente que pierde el control. El Centro Democrático les sigue regalando confianza como si el pasado no existiera. En política, el perdón sin memoria no es nobleza, es suicidio. Un partido que aspira a gobernar no puede tropezar con la misma piedra una y otra vez. A la tercera o cuarta vez, ya no es ingenuidad, es complicidad.

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La verdadera motivación: el poder

La ansiedad con la que reacciona este club de burócratas deja al descubierto su verdadera motivación: no es el país, es el poder. Convirtieron la política en un negocio rentable, diseñado para vivir del erario con comodidad y sin resultados. Cada cuatro años reaparecen disfrazados de salvadores, no para transformar nada, sino para renegociar su permanencia en el sistema. No disputan elecciones por convicción, sino por cálculo. No hablan de reformas, sino de cuotas. No piensan en ciudadanos, sino en cargos: ministerios, embajadas, juntas y privilegios. Son expertos en sobrevivir, no en gobernar. Han perfeccionado el arte de rotarse los cargos y aferrarse al Estado como si fuera propiedad privada.

Liderazgos que rompen el molde

Afortunadamente, en esta contienda han surgido liderazgos como Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo, que no conciben la política como refugio personal, sino como servicio público. Liderazgos con carácter, independencia y vocación real, no administradores del estancamiento. Colombia no necesita más operadores del sistema: necesita romper, de una vez por todas, con quienes han hecho del poder una forma de vida.

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