La Comisión Sexta de la Cámara de Representantes aprobó en primer debate, el miércoles 13 de mayo, un proyecto de ley que busca declarar la arepa como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación. La iniciativa, impulsada por la representante Ingrid Sogamoso, también designaría a Ramiriquí como la capital nacional de este tradicional alimento y contempla la creación de un registro oficial para fortalecer la economía popular en torno a la arepa.
Objetivos del proyecto de ley
Según explicó la congresista boyacense, el objetivo del proyecto va más allá de un reconocimiento simbólico: busca abrir herramientas de apoyo estatal para productores, cocineras tradicionales, pequeños negocios y familias que dependen económicamente de la fabricación y comercialización de arepas en distintas regiones del país. La iniciativa también propone fortalecer el Festival Internacional del Maíz, el Sorbo y la Arepa, que se realiza en Ramiriquí y que quedaría vinculado al futuro Día Nacional de la Arepa planteado en el articulado.
Origen de la arepa: un debate binacional
El proyecto de ley vuelve a generar preguntas sobre el origen de la arepa y su nacionalidad, tema que se discute entre colombianos y venezolanos. Según el artículo ‘El Casabe y la Arepa: Alimentos Prehispánicos de la Culinaria Indígena Venezolana’ de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela, investigaciones arqueológicas indican que las poblaciones basaban buena parte de su dieta vegetal en el maíz en seis de las siete regiones actuales de ese país. Únicamente en la Región Guayana no predominaba el consumo de maíz en las civilizaciones precolombinas, mientras que en las demás regiones compartía protagonismo con la yuca y otros granos y frutas.
El maíz en la historia colombiana
En Colombia, el cultivo de maíz también fue un elemento transformador de las civilizaciones, según la publicación académica ‘Entre maíz, sabores y carbones’ de la Universidad Tecnológica de Pereira. El maíz permitió el desarrollo de culturas alrededor de la agricultura, fomentó canales de conducción de agua, sistemas de terrazas y diferentes métodos de cultivo. Se cree que esto derivó en el surgimiento de cacicazgos mayores y otros cambios culturales, como el culto a la luna, ya que el cultivo del maíz generó la observación lunar para identificar fechas de siembra y cosecha.
La importancia del maíz y su uso en la alimentación fue documentada por varios expertos tanto para la época precolombina como para la naciente Nueva Granada. Francisco José de Caldas definió la cultura como maicera: “El grano más importante del Nuevo Mundo, y sin contradicción más útil que el trigo y la cebada, es también la planta cuya vegetación tiene límites más extensos. No teme el frío como el plátano y la caña de azúcar, ni el calor como la papa; se le ve tanto al lado del trigo y la cebada en los pueblos elevados, como al lado del cacao y yuca en los ardientes; en todos los lugares donde hay hombres hay maíz (…) nos acompaña esta planta preciosa, este recurso de nuestras necesidades, esta fuente inagotable de composiciones deliciosas y variadas”, escribió el botánico.
Evidencia histórica del consumo de arepa
Joseph de Acosta escribió a finales del siglo XVI: “El pan de los indios es el maíz (…) Algunas veces lo comen tostado; hay maíz redondo y grueso… que lo comen españoles por golosina, tostado y tiene mejor sabor que garbanzos tostados. Otro modo de comerle más regalado es moliendo el maíz y haciendo de su harina, masas y de ellas unas tortillas que se ponen al fuego, y así calientes se ponen a la mesa y se comen; en algunas partes las llaman arepas…”
Durante el siglo XIX, geógrafos documentaron el consumo de arepa en los Andes colombianos, junto con la mazamorra. Al igual que en Venezuela, los diversos usos del maíz fomentaron un cultivo a gran escala y políticas alimentarias que impulsaron el consumo de sus derivados.
¿Se puede definir un solo país de origen?
Según las conclusiones de los estudios universitarios, el surgimiento de la arepa como elaboración gastronómica de alto consumo en Colombia y Venezuela surgió como producto de la predominancia del maíz en las culturas precolombinas y posteriores de ambos países. Esto creó diversos tipos de preparaciones derivadas del maíz, así como variaciones regionales. Otros productos, como la yuca, también transformaron profundamente la cultura alimenticia de ambos países y dejaron huella en sus preparaciones hasta hoy.



