La proliferación de candidaturas sin sustento programático
Un rasgo destacado de la actual coyuntura electoral para la Presidencia y el Congreso en Colombia es el número desbordado de candidaturas que emergen con una escasa identificación programática y en medio de un debate político muy pobre. Este fenómeno tiene varias explicaciones posibles, pero se puede conectar con dos factores fundamentales que han moldeado el panorama político nacional.
La difícil institucionalización de la oposición partidista
Por un lado, ha sido complejo institucionalizar un modelo estatal de gobierno y oposición partidista después de la Constitución de 1991 y, especialmente, tras la entrega de armas de varios grupos guerrilleros y los acuerdos de paz de La Habana. Aunque varios grupos optaron por dejar las armas y entrar a la política, no necesariamente han pasado por el proceso de concebirse y actuar como oposición política con ideologías programáticas claramente críticas de la vía armada.
Dentro de los grupos desmovilizados, aún persisten justificaciones a la lucha armada, impregnadas de animadversión hacia los grupos tradicionalmente en el poder. Esto dificulta que prosperen programas civilistas para el futuro y entorpece las alianzas políticas con otros sectores sociales.
El cambio en la naturaleza del conflicto social
Por otro lado, el conflicto social en Colombia ha cambiado su naturaleza. Ya no predomina la confrontación armada para subvertir el Estado, sino la lucha de grupos armados ilegales por el control territorial en zonas urbanas y rurales, donde existe una ciudadanía sin adscripción política clara.
Se ha difundido un conflicto más interactivo y disperso a lo largo de la sociedad, agenciado por el crimen organizado que busca legitimarse localmente y acceder al poder político y a las rentas del Estado. Este fenómeno promueve candidaturas altamente personalizadas y de alcance programático muy reducido.
El crimen organizado como actor económico y político
El crimen organizado tiene apoyo en agentes económicos que se mueven en economías legales e ilegales, lo que le permite infiltrarse en el sistema político. Esta realidad ha venido consolidándose durante varios lustros y representa un desafío fundamental para la democracia colombiana.
La polarización en el debate sobre seguridad
En este contexto, aparece una argumentación polarizada alrededor del tema de la seguridad. Los candidatos más notables de la derecha argumentan que el crimen está anclado en el opositor y proponen 'mano dura' contra el crimen organizado, fortaleciendo la presencia y acción de las Fuerzas Armadas en el territorio.
Los candidatos de la izquierda son más cautelosos con el uso de la represión armada estatal y parecen sostener que es posible promover procesos de conversión de la criminalidad en una ciudadanía desarmada. El proceso de Paz Total del gobierno Petro sirve como ejemplo, pero también muestra que el crimen organizado no necesariamente está interesado en dejar las armas y las fuentes lucrativas de economía ilegal.
La falta de diferenciación programática
No queda clara la diferencia programática de fondo entre los candidatos presidenciales. Todos indican que quieren 'el cambio', pero ¿en qué sentido exactamente? No se trata solamente de promover la represión armada al crimen o la transición pacífica mediante la entrega de armas.
Son pocos los candidatos presidenciales que han insistido en temas programáticos concretos. Entre ellos se destacan Iván Cepeda, Claudia López y Sergio Fajardo. Este último, aunque se presenta como vector positivo, no parece aceptar plenamente que se necesita una apertura política hacia candidatos que representen a una ciudadanía que requiere ser cautivada por ideas de cambio de fondo, pero con orden institucional y sin miedo.
Reflexiones finales sobre el panorama político
La combinación de estos factores crea un escenario electoral donde proliferan las candidaturas sin sustento programático sólido, mientras el crimen organizado encuentra espacios para influir en la política. La superación de una forma de conflicto social no ha significado el fin de la violencia, sino su transformación en un fenómeno más difuso y entrelazado con estructuras económicas tanto legales como ilegales.
El desafío para Colombia sigue siendo construir una oposición política institucionalizada que pueda ofrecer alternativas programáticas claras, mientras se enfrenta la infiltración del crimen organizado en el sistema político. Sin programas claros y diferenciados, el llamado al 'cambio' se vacía de contenido y deja espacio para que intereses particulares, incluyendo los del crimen organizado, moldeen la agenda política nacional.