El libro 'The Longest Con' revela cómo el conservadurismo estadounidense fue secuestrado por oportunistas
Cómo el conservadurismo estadounidense fue secuestrado por oportunistas

El secuestro del conservadurismo estadounidense: cómo oportunistas monetizaron el miedo

En su libro The Longest Con, Joe Conason ofrece una radiografía cronológica de cómo una serie de oportunistas lograron apropiarse del conservadurismo en los Estados Unidos, transformando una tradición política en un negocio multimillonario basado en la desinformación y el resentimiento.

El engaño más largo: monetizar el miedo

Para Conason, el 'engaño más largo' no consiste únicamente en manipular a una base electoral, sino en la creación deliberada de un ecosistema completo –medios, donantes, políticos y operadores– diseñado específicamente para monetizar el miedo. Desde la Guerra Fría hasta la era de Donald Trump, el autor muestra cómo la narrativa de una amenaza existencial permanente ha permitido recaudar fondos, ganar audiencias y justificar abusos que en otro contexto habrían resultado inaceptables.

El libro traza una cronología que comienza en 1950 con figuras como el senador Joseph McCarthy y los empresarios que financiaron su cruzada anticomunista, continúa con el auge de la derecha mediática a finales del siglo XX y desemboca en un movimiento que ya no distingue entre información, propaganda y fraude. Progresivamente, el conservadurismo fue vaciado de contenido intelectual y reemplazado por una identidad tribal, definida más por quién es tu enemigo que por principios coherentes.

Los pioneros del sistema

Uno de los factores decisivos en la victoria del embaucamiento sobre las corrientes serias fue el papel de los medios. Conason identifica a quienes descubrieron que la indignación no solo fideliza audiencias, sino que es extraordinariamente rentable. La verdad se volvió secundaria; lo esencial es mantener al público en un estado de alerta permanente. La mentira dejó de ser un error para convertirse en una herramienta del negocio, décadas antes de que Rupert Murdoch y Fox entraran al mercado estadounidense.

¿Cómo se consolida esa alianza entre políticos y estafadores? Muchos dirigentes no necesariamente diseñaron el sistema, pero aprendieron a vivir de él. Al repetir teorías conspirativas o atacar instituciones democráticas, obtuvieron visibilidad, donaciones y poder. A cambio, legitimaron a quienes vendían falsas curas, inversiones fraudulentas o fantasías políticas empaquetadas como patriotismo.

Roy Cohn: el eslabón crucial

Roy Cohn ocupa un lugar central en esta historia: es el eslabón que conecta la cruzada anticomunista de los años cincuenta con el trumpismo contemporáneo. Saltó a la fama en 1951 como el joven y temido asesor del senador Joseph McCarthy, y uno de los principales arquitectos de la persecución política que destruyó reputaciones y carreras a partir de acusaciones infundadas.

Cohn fue, ante todo, un precursor de la ideología de la impunidad: mentir sin pudor, negar los hechos evidentes, estafar sin sanción y salirse con la suya se convirtieron con él en virtudes admirables. Tras la caída de McCarthy, Cohn pasó a ser abogado de mafiosos, a quienes reunía en su despacho para blindarlos de la vigilancia del FBI, amparándose en la confidencialidad abogado-cliente.

Esa capacidad de no rendir cuentas, de convertir la agresión y el descaro en estrategia legal y política, fascinó a Donald Trump, quien lo contrató como abogado y absorbió de él una lección decisiva: no importa la verdad ni la legalidad, sino la habilidad para imponer tu propio relato y escapar de las consecuencias.

Antecedentes históricos clave

En 1964, durante las primarias del Partido Demócrata para la campaña presidencial, el equipo del gobernador de Alabama, el segregacionista George Wallace, perfeccionó una innovación política decisiva: la recaudación masiva de pequeñas contribuciones por correo de donantes motivados por el resentimiento racial y el extremismo ideológico. La estrategia demostró que el odio podía convertirse en un modelo de negocio político sostenible, independiente de las estructuras tradicionales.

Ya en la elección general, la candidatura del republicano Barry Goldwater, otro extremista, consolidó ese giro. Aunque Goldwater obtuvo apenas el 38 por ciento del voto popular –una derrota contundente frente al demócrata Lyndon B. Johnson–, su campaña sirvió para normalizar posiciones extremas dentro del Partido Republicano. El extremismo dejó de ser un lastre electoral y mutó en una identidad movilizadora que, con el tiempo, desplazaría al ala moderada del partido.

Richard Nixon y la perfección del sistema

Richard Nixon ocupa un lugar central como antecedente directo del trumpismo. Las grabaciones de la Casa Blanca muestran con claridad cómo su equipo, siguiendo sus instrucciones, exigía donaciones para su reelección a empresas con temas pendientes ante el gobierno federal. Como ITT Inc. en 1971, que ante una investigación antimonopolio tuvo que realizar cuantiosos aportes a los republicanos.

Más que la corrupción, fue el desacato de Nixon a las cortes, a la prensa y al establecimiento lo que le ganó la admiración de la extrema derecha estadounidense. Para Conason, Nixon no cayó por haber abusado del poder, sino por haber sido demasiado audaz al desafiarlo todo.

El componente moralista: Jerry Falwell

Jerry Falwell marca el momento en que la religión conservadora en Estados Unidos se convierte en una poderosa maquinaria política y financiera. Pastor bautista de Virginia, Falwell alcanzó proyección nacional gracias a The Old Time Gospel Hour, un programa televisivo que combinaba sermones apocalípticos con una puesta en escena moderna y emocionalmente eficaz.

Su talento no residía en la prédica, sino en su capacidad para monetizarla: donaciones por correo, membresías, productos religiosos y llamados urgentes a "salvar a la nación" con aportes económicos convirtieron la fe en un flujo constante de ingresos. El teleevangelismo demostró que la devoción, amplificada por la televisión, podía transformarse en un negocio de alcance nacional.

Bajo la narrativa de persecución estatal contra los cristianos, Falwell fundó The Moral Majority, un movimiento conservador de vocación ecuménica que unificó a evangélicos, baptistas y otros sectores religiosos bajo una agenda política común. Su objetivo no era solo influir en elecciones, sino crear un sistema de validación moral en el que los pastores escogían a los "candidatos correctos" para el Congreso, fusionando púlpito y urna de manera inédita.

La advertencia final

Conason advierte que mientras el engaño siga siendo rentable, habrá razones para perpetuarlo. Sin embargo, señala que la rendición de cuentas, el periodismo riguroso y la reconstrucción de una cultura política menos cínica son condiciones indispensables para cualquier intento de recuperación.

La pregunta final no es solo qué le ocurrió al conservadurismo estadounidense, sino qué le ocurre a una democracia cuando una de sus grandes tradiciones políticas es reducida a un negocio basado en el miedo. La respuesta, según el análisis presentado, debería preocuparnos a todos.