Es evidente que preferiría que Claudia López no estuviera segunda en las encuestas. Mujer, feminista y lesbiana: tres características que, en una sola candidatura, podrían haber llevado a una mujer a la presidencia por primera vez en 216 años de historia patria, después de dos siglos de testosterona y más de un centenar de presidentes titulares, interinos y encargados, todos hombres.
El triple combo que funcionó en Bogotá
Esa combinación le funcionó a Claudia López en Bogotá, una capital vanguardista, cosmopolita, rebelde y de mayor apertura mental. Pero Colombia no es solo Bogotá. El país en su conjunto es costumbrista, supersticioso, pueblerino, arraigado a lo tradicional, complejo y acomplejado, apegado a valores de vieja guardia. Esa amalgama explica por qué la exalcaldesa bogotana hoy tiene solo un 2 por ciento de intención de voto en las encuestas presidenciales.
Colombia es un país machista, católico, tradicional, aferrado a valores patriarcales y creyente en la familia convencional. Incluso Gustavo Petro, quien visitó clubes de striptease en Europa y tuvo novias en Panamá, tuvo que venderse en campaña como un hombre de familia nuclear, padre de media docena de hijos, esposo fiel y leal. Esa imagen de familia perfecta inundó redes, periódicos, televisión, revistas y prensa, aunque fuera pura apariencia: tercera esposa de la que se divorció, hijos que nunca crió, amores por dentro y por fuera. Ese disfraz no lo tiene Claudia López para que voten por ella; la ilusión de la familia tradicional no puede usarla como máscara para llegar a la presidencia. Esa desnudez difícilmente le permitirá atravesar el techo de cristal.
El perfil de una mujer tradicional
Ese firmamento sí podría abrirse para una mujer de corte más tradicional: mamá, conservadora, chapada a la antigua, menos agresiva, más femenina, sin etiquetas feministas, alejada de las demandas de los colectivos activistas. Y para que el sapo sea menos difícil de tragar: respaldada por un partido tradicional, apadrinada por un expresidente popular, envuelta en una figura paternal que compense la homosexualidad de su fórmula vicepresidencial. Esa mezcla es más fácil de digerir para la sociedad colombiana que la de Claudia, quien, además de mujer, es feminista y lesbiana.
¿Paloma Valencia como ejemplo?
¿Sirve Paloma Valencia de ejemplo para futuras generaciones de mujeres, aunque no sea feminista, no promueva el aborto, no ofrezca una perspectiva de género en las políticas públicas, ni impulse una agenda de autonomía corporal o derechos sexuales y reproductivos? Lo responde Isabel Allende en su último libro, La palabra mágica: “no necesito machacar ideología feminista, basta con presentar protagonistas femeninas fuertes”. Y eso es justamente Paloma: una mujer fuerte, corajuda, valiente, estudiosa, seria e inteligente. Es un ejemplo para millones de niñas que crecen en una sociedad que las ignora, cosifica, sexualiza, denigra, reduce, silencia, mata y acosa laboral y sexualmente, donde las mujeres solo han sido una nota a pie de página en la historia de nuestra patria.
No sé si el feminismo sea resorte exclusivo de la izquierda y tampoco me importa. Las mujeres somos parte de todas las sociedades y estamos en todas las orillas del espectro político. Mujeres de derecha, centroderecha y conservadoras abrieron trocha para otras en distintas partes del planeta: Violeta Barrios de Chamorro en Nicaragua, Mireya Moscoso en Panamá, Laura Chinchilla en Costa Rica, Dina Boluarte en Perú, Margaret Thatcher en el Reino Unido, Giorgia Meloni en Italia, Angela Merkel en Alemania, Kim Campbell en Canadá, Ellen Johnson en Liberia, Theresa May en el Reino Unido, Sanae Taikachi en Japón.
Necesitamos heroínas, nos urgen musas de inspiración. En un momento en que nuestras niñas leen cosas horribles que hacen otras mujeres: suegras que matan a nueras, funcionarias públicas que falsifican títulos, escaleras sexuales para adquirir poder, denunciantes de conciertos para delinquir que gradúan de locas, ataques entre periodistas y candidatas, ataques de feministas hacia antifeministas, zancadillas y arañazos entre nosotras.
Necesitamos una heroína. Nos urge que una mujer rompa el techo de cristal y llegue a la presidencia, sea de izquierda o derecha, feminista o antifeminista, apellídese López o Valencia.



