Respuesta a Humberto de la Calle: el fascismo y las libertades democráticas en Colombia
Recientemente, el político Humberto de la Calle me calificó como un ejemplo del fascismo que se mimetiza en la política colombiana, basándose en una acusación falsa: que promoví un boicot de consumidores. Incluso si lo hubiera hecho, considero profundamente equivocado etiquetar como fascista la coordinación entre ciudadanos para dejar de comprar productos por razones políticas. Esto representa, en mi visión, un ejercicio legítimo de las libertades individuales que fundamentan cualquier democracia.
Diferencias y coincidencias en el panorama político
Con De la Calle mantengo diferencias ideológicas significativas, pero también hemos compartido espacios de convergencia. En el año 2018, lo invitamos junto a otros líderes dentro de la iniciativa El País Primero a unir esfuerzos en favor del Acuerdo de Paz desde la primera vuelta presidencial, con el objetivo claro de impedir el triunfo de la extrema derecha. Ante la sorpresa que me generó su calificativo extremo, decidí leer la columna que referenciaba en su publicación y responder con estas reflexiones para ofrecer una perspectiva alternativa sobre un asunto fundamental para el país.
La definición problemática del fascismo
El columnista define como fascista a cualquier movimiento que promueva el caudillismo y rechace la legalidad, el pluralismo y la división de poderes. Su lista de ejemplos resulta tan amplia que inevitablemente incluye a casi cualquier figura que le disguste, excepto, curiosamente, a algunos liderazgos colombianos de derecha. Posteriormente, afirma que el verdadero antagonismo se da entre la democracia liberal genuina y los autoritarismos que utilizan el populismo, ya sean de izquierda o de derecha.
Frente a esta postura, presento dos argumentos centrales:
- Revisión histórica de las experiencias democráticas: Si aplicamos su definición a nuestra historia, graduaríamos de fascistas a experiencias evidentemente democráticas. ¿Fueron fascistas Alfonso López y Carlos Lleras cuando impulsaron la movilización obrera y la organización campesina para abrirle paso a la modernidad democrática? Seguro en su momento algunos alzaron la voz contra lo que llamaron autoritarismo, cometiendo una injusticia similar a la que De la Calle comete hoy contra el presidente Gustavo Petro. Tanto entonces como ahora, se trata de esfuerzos democratizadores que articulan reformas con movilización social desde las bases.
- Los riesgos y las instituciones democráticas: ¿Existen riesgos en estos procesos? ¡Por supuesto! Para eso precisamente existen las instituciones. Pero si no asumimos esas tensiones inherentes, vaciamos la democracia de sus posibilidades redistributivas, convirtiéndola en un cascarón lleno de igualdades ante la ley en medio de desigualdades abismales e insoportables. Sin las presiones llamadas populistas que desafiaron lo que las élites concebían como democracia genuina, no existirían ni el sufragio universal ni los derechos sociales que hoy consideramos fundamentales.
El fascismo como herramienta de análisis político
Hablar de fascismo resulta útil, pero no para etiquetar de manera simplista a cualquier sistema iliberal. Su utilidad radica en analizar dinámicas comunes entre las derechas radicalizadas de la Europa de entreguerras y las expresiones contemporáneas. Destaco una característica particular:
- Una defensa absolutista de la propiedad privada y la libertad de empresa, acompañada de una inclinación a la violencia política, que utiliza el nacionalismo y el racismo para convertir a sectores empobrecidos en chivos expiatorios. Estos sectores se convierten en la válvula de escape de un malestar producido por un capitalismo que se resiste a las regulaciones democráticas.
¿Ven algo de esto en Colombia? Yo sí observo manifestaciones preocupantes.
Ejemplos de discursos autoritarios en la derecha colombiana
La senadora Paloma Valencia propuso en 2025 privar de comida y agua a comunidades indígenas que persistieran en sus protestas legítimas. Por su parte, Abelardo de la Espriella llamó a destripar adversarios políticos y posteriormente a una contrarrevolución política, concepto que resulta aterradoramente preciso y que ha sido utilizado durante más de un siglo para referirse al fascismo. Se trata de declaraciones que alcanzan un nivel de visceralidad y violencia que no se borran con inclusiones cosméticas carentes de cualquier credibilidad democrática.
Estas son las derechas autoritarias que enfrentamos desde el Pacto Histórico y la Alianza por la Vida. A ese radicalismo, figuras como Iván Cepeda y Aída Quilcué oponen el llamado a un Acuerdo Nacional con todas las fuerzas vivas de la nación, pero sin repetir las exclusiones e injusticias históricas a las que han sido sometidos los sectores populares de nuestro país.
La democracia colombiana requiere debates profundos que eviten etiquetas fáciles y se centren en la construcción de un país más justo e inclusivo, donde las libertades individuales y colectivas sean respetadas como pilares fundamentales de nuestra convivencia.



