En un contexto donde el autoritarismo y la autocracia ganan terreno, surge la pregunta: ¿para qué debatir? Reinaldo Spitaletta, en su columna, aborda la esencia del debate como un ejercicio intelectual y racional, lejos de los insultos y las agresiones. Debatir, sostiene, es razonar, una operación compleja que implica argumentación y respeto por el antagonista, no como enemigo, sino como parte necesaria del desarrollo dialéctico de la cultura.
El debate como producto de la Ilustración
Desde la antigua Grecia hasta la India, el debate ha sido un pilar del pensamiento crítico y la libertad. Sin embargo, en Colombia, la historia ha estado marcada por confrontaciones sangrientas y violencia, donde el poder de los privilegiados ha aplastado las voces disidentes. Spitaletta critica la "democracia electorera" que defiende la libertad de las élites mientras niega derechos a los más vulnerables.
La política como espectáculo
El autor señala cómo el márquetin y el rating han deteriorado la esencia del debate político, convirtiéndolo en un espectáculo superficial. Los candidatos se venden como productos, y las ideas quedan relegadas. Recuerda el debate entre Kennedy y Nixon en 1960, donde la televisión definió inclinaciones más que los argumentos.
Spitaletta concluye que el verdadero debate debe elevar la cultura política y la reflexión ciudadana, confrontando ideas y programas. Si renuncia a la razón y el pensamiento, solo es ruido que favorece al establecimiento. La invitación es a recuperar el poder de las palabras y la argumentación, para promover libertades públicas y una verdadera democracia.



