El viacrucis nacional: reflexiones sobre violencia, corrupción y esperanza en Colombia
El viacrucis nacional: violencia, corrupción y esperanza

El viacrucis nacional: una reflexión sobre los males que cargamos

En este Sábado Santo, surgen profundas reflexiones sobre el estado de la nación colombiana. La pregunta fundamental es si Dios, en su infinita sabiduría, pudo prever que su grey transformaría el mundo en un lugar asombrosamente técnico pero simultáneamente impresionantemente violento, plagado de codicia, odio, armas y conflictos que lo hacen casi invivible.

El contraste entre avance tecnológico y retroceso humano

Cuando Jesús de Nazaret realizaba su campaña de propagación de la fe, las comunicaciones se hacían a pie por el desierto. Hoy estamos al borde de poder comunicarnos con Dios mediante chat, pero también podemos lanzar un misil contra un hombre a 10.000 kilómetros de distancia. La paradoja es evidente: más tecnología coexiste con más armas para destruirnos. ¿Realmente hemos avanzado como civilización o hemos retrocedido en humanidad?

Solo Dios sabe si Jesús crucificado podría imaginar que en un día como hoy, el hombre viaja a la Luna casi con normalidad, a 384.400 kilómetros de la Tierra, y con mayor seguridad que al desplazarse al pueblo natal para visitar a los familiares ancianos.

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La tragedia que conmueve a Suaita

En medio de estas reflexiones universales, una tragedia conmovedora exige un alto y una oración: la familia Pereira Garcés de Vado Real, en Suaita. Rosalba Garcés Ríos, Amanda Pereira Garcés, Adelaida Pereira Garcés, Freddy León y el niño Juan Pablo León perdieron la vida en el absurdo y doloroso accidente en el peaje de Casablanca, cerca de Zipaquirá. Iban a visitar a su esposo, padre y abuelo de 80 años.

Entre paisanos seguramente nos cruzamos algún día de mercado, nos despedimos en la vía, porque en los pueblos, con menos prevención, se saluda más. Que este tremendo duelo sirva al menos para revisar y prevenir, para salvar otras vidas. Con el sombrero en el pecho los acompañamos.

Misiones lunares y liderazgo femenino

Volviendo a la Luna, los cuatro astronautas –Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen–, si no encontraron trancón por obras lentas o vías angostas, ya deben estar llegando a nuestro satélite a unos 40.000 kilómetros por hora. Han enviado las primeras fotos de la Tierra comprometida.

Qué maravilla que una mujer viaje en la nave Orión. Es la hora de ellas en este mundo machista que las ha menospreciado. Es hora de que más mujeres gobiernen, porque se necesitan gobernantes firmes pero simultáneamente más humanos, o humanas, mejor. ¿Acaso necesitamos que el Espíritu Santo se presente nuevamente en forma de paloma?

La corrupción que devora recursos

En Colombia urge un líder que, respetando las tablas de la ley de 1991, no pretenda crear una constitución a su medida o a la medida de su único hijo político. Aquí impera una especie de Sodoma y Gomorra donde reinan la inmoralidad, la maldad, la corrupción desenfrenada y el reclutamiento de menores a quienes entrenan para matar, abusan sexualmente y prostituyen.

No podemos negar el tremendo lavado de manos, los judas que se venden diariamente y los desfalcos por doquier, como el escándalo de la UNGRD. La corrupción es tal que si Dios multiplicara los recursos por millones, como panes y peces, no alcanzarían y habría que decretar emergencias. Hay fanáticos que prefieren liberar a Barrabás antes que a quien defiende la moral pública.

El viacrucis permanente de la nación

El viacrucis es permanente, cargamos la cruz de:

  • Falta de salud, donde muchos encomiendan a Dios sus espíritus
  • Violencia generalizada
  • Desplazamiento forzado
  • Confinamiento de comunidades
  • Irrespeto a las instituciones y cortes, extendiéndose casi hasta las celestiales

Necesitamos un líder o lideresa que sepa guiar al pueblo. Un pueblo que sigue siendo bueno pero requiere que alguien le diga "levántate y anda", que lo guíe, aglutine y resuelva sus problemas. Se necesita paz, pero no solo de paz vive el hombre.

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