Keiko Fujimori inicia su cuarta campaña presidencial en un Perú profundamente transformado
En el panorama político peruano, pocas figuras han demostrado la persistencia de Keiko Fujimori, quien en 2026 emprende su cuarta candidatura presidencial tras tres derrotas consecutivas en segunda vuelta electoral. Esta nueva postulación ocurre en un escenario notablemente distinto: un sistema político fragmentado con más de 30 partidos inscritos y una ciudadanía marcada por la incertidumbre y la desconfianza institucional.
A pesar del contexto complejo, Fujimori lidera las encuestas con un modesto 13% de intención de voto según el último estudio de Ipsos, aunque enfrenta un electorado donde los indecisos oscilan entre el 25% y el 40%. Su historia política, sin embargo, se remonta mucho antes de estas contiendas electorales.
De Primera Dama a líder política: una trayectoria forjada en el poder
Keiko Sofía Fujimori Higuchi nació el 25 de mayo de 1975 en Lima, creciendo en el epicentro del poder peruano como hija del expresidente Alberto Fujimori y Susana Higuchi. Su destino político se definió tempranamente cuando, con apenas 19 años en 1994, asumió el rol de Primera Dama tras la separación de sus padres, experimentando su primer contacto directo con las estructuras estatales durante un gobierno que marcaría profundamente la historia nacional.
Su formación académica se desarrolló fuera del país, estudiando Administración de Empresas en Boston University donde se graduó en 1997, y posteriormente obteniendo un MBA en Columbia University en 2008. Ambos títulos fueron reconocidos oficialmente en Perú entre 2024 y 2025, consolidando su preparación formal.
La construcción política sistemática de Fujimori comenzó en 2006 cuando fue elegida congresista de la República, cargo que ejerció hasta 2011. Un momento crucial llegó en 2009 con la fundación de Fuerza Popular, el partido político desde el cual ha consolidado su liderazgo y defendido la continuidad del movimiento fujimorista en la política peruana.
Tres derrotas y una influencia persistente
El camino presidencial de Keiko Fujimori ha estado marcado por intentos frustrados, llegando a segunda vuelta en tres ocasiones consecutivas pero perdiendo frente a Ollanta Humala en 2011, Pedro Pablo Kuczynski en 2016 y Pedro Castillo en 2021. Sin embargo, su influencia política nunca desapareció del panorama nacional.
Durante el gobierno de Kuczynski, Fuerza Popular obtuvo mayoría en el Congreso peruano, convirtiéndose en una fuerza determinante para la gobernabilidad y demostrando la capacidad de movilización electoral del fujimorismo incluso sin ocupar la presidencia.
Desafíos personales y judiciales
La historia reciente de Fujimori también incluye episodios personales y judiciales complejos. Enfrentó prisión preventiva y múltiples investigaciones por presuntos aportes ilícitos vinculados al caso Odebrecht, aunque en enero de 2025 el Tribunal Constitucional ordenó archivar definitivamente el llamado 'caso Cócteles'. En su registro legal, no aparecen sentencias condenatorias firmes.
A nivel personal, atravesó momentos particularmente difíciles incluyendo el fallecimiento de sus padres y su divorcio. La muerte de Alberto Fujimori en septiembre de 2024, tras 17 años en prisión, marcó el fin de una era y, según ha expresado la propia Keiko, estas experiencias fortalecieron su carácter y determinación política.
Un Perú transformado: crecimiento económico y crisis de seguridad
Mientras la trayectoria de Fujimori avanzaba, Perú experimentaba transformaciones profundas y contradictorias. La última década ha visto nueve presidentes diferentes, reflejo de una inestabilidad política crónica que contrasta con indicadores económicos positivos.
La economía peruana mostró crecimiento del 3,3% en 2024 y 3,8% en 2025, acompañado de una reducción de la pobreza al 27,6%. Sin embargo, este progreso económico coexiste con un deterioro alarmante de la seguridad ciudadana: más de 2.200 homicidios en 2025 y más de 21.000 casos de extorsión registrados en 2024.
Mensaje de campaña: mano dura y continuidad fujimorista
En este contexto de inseguridad creciente, Keiko Fujimori presenta su candidatura con un mensaje claro: enfrentar la criminalidad con políticas de 'mano dura' que evocan la estrategia de seguridad implementada por su padre durante su gobierno. Asegura que no busca inmunidad ni cargos de consolación, presentándose como una figura fortalecida por los golpes personales y políticos recibidos.
Por primera vez, Fujimori enfrenta una elección presidencial sin la presencia viva de su padre, una figura que durante décadas influyó tanto positiva como negativamente en su imagen pública. Sus principales rivales, Rafael López Aliaga y Roberto Sánchez Palomino, disputan un electorado fragmentado donde la capacidad de movilizar a los indecisos será determinante.
Así, la historia política de Keiko Fujimori entra en un nuevo capítulo donde, después de tres intentos fallidos, busca convertir la persistencia en victoria final, en un país que simultáneamente anhela estabilidad y rechaza los excesos del pasado.



