El pecado capital de las élites en Colombia: la avaricia
Élites en Colombia: la avaricia como pecado capital

Es quizás inevitable que en una sociedad existan élites, es decir, pequeños grupos de ciudadanos que, a pesar de su tamaño, ejercen poder sobre la mayoría de la población. En palabras del sociólogo italiano Gaetano Mosca, se trata de minorías organizadas que gobiernan sobre las mayorías desorganizadas. Incluso en sociedades donde los medios de producción son de propiedad colectiva, como plantea la tesis fundacional del comunismo, el poder termina en manos de una minoría organizada. La sociedad sin clases que Marx pronosticó parece cada vez más inalcanzable.

El verdadero problema de las élites

El problema no es que existan élites, sino el estado de indignidad al que someten a las mayorías desorganizadas. El principio fundamental de su configuración no es la meritocracia, sino la perpetuación de inequidades históricas. Con frecuencia, el motivo de su organización política no es el bien común, sino la reproducción compulsiva de su privilegio. Por eso, el pecado de las élites es la avaricia.

Fragmentación y pactos en la historia colombiana

Las élites abarcan esferas heterogéneas como la economía, la cultura y la política, que no siempre están controladas por un solo grupo. En Colombia, la relación entre élites suele ser de conflicto más que de consenso. En la esfera política, la historia ha estado marcada por la fragmentación y la competencia entre élites, con excepciones donde facciones antagónicas han pactado acuerdos para defender sus intereses.

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Durante más de un siglo, la fragmentación giró en torno al bipartidismo, de tinte ideológico inspirado en doctrinas europeas como el liberalismo y el conservatismo. Esta fragmentación se cerró para contener la amenaza de Rojas Pinilla, dando origen al Frente Nacional, uno de los pactos más trascendentales entre élites. Otro ejemplo es el Pacto de Chicoral, liderado por Misael Pastrana para sabotear el reformismo agrario de Carlos Lleras.

En 2002, las élites políticas cerraron filas en torno a la figura de Uribe, consenso que se quebró ocho años después cuando Santos apostó por una salida negociada del conflicto. Esto generó un enfrentamiento entre lo que William Ospina llamó "la vieja élite bogotana" y una élite regional.

Un nuevo ciclo de reconciliación

La llegada de Gustavo Petro al poder parece haber puesto fin a esta confrontación, provocando un nuevo ciclo de reconciliación entre las élites para frenar a la izquierda. Esto no significa que la izquierda sea un movimiento estrictamente popular, despojado de élites. En la historia colombiana, muchos reformistas ambiciosos han surgido de las mismas entrañas elitistas, como López Pumarejo, Carlos Lleras y López Michelsen.

Entre las élites siempre hay quienes se rehúsan a reconocer los pactos entre los suyos, a sabiendas de que, pese a estar disfrazados de eufemismos, están dirigidos a poner trabas al reformismo social.

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