TMZ político: ¿rendición de cuentas o guerra de reputaciones?
TMZ político: rendición de cuentas o guerra de reputaciones

En un reciente artículo de The New Yorker, la periodista Paula Mejía analiza cómo TMZ, el tabloide estadounidense conocido por su enfoque sensacionalista en el entretenimiento, está trasladando su lógica de persecución, escarnio y voyerismo al ámbito político. La idea surgió durante el cierre parcial del gobierno en EE.UU., cuando el Congreso no aprobó las leyes de presupuesto, lo que provocó el cierre de agencias federales no esenciales y la suspensión de empleados sin sueldo.

Exposición de políticos y vergüenza pública

En medio del caos, TMZ pidió a su audiencia que enviara fotos de congresistas “haciendo cualquier cosa menos su trabajo”. El público respondió con imágenes de Lindsey Graham en Disney World, Ted Cruz volando hacia la playa mientras Texas sufría una tormenta, y muchas otras. La exposición generó vergüenza pública y obligó a varios políticos a justificarse, culpar al partido contrario o minimizar sus viajes. El artículo sugiere que un medio éticamente cuestionado termina sirviendo como un mecanismo inesperado de rendición de cuentas pública.

Política como guerra de reputaciones

Que TMZ cubra a los políticos como a celebridades puede parecer extraño, pero también evidencia cómo la política contemporánea se asemeja a una guerra de reputaciones. Lo importante no es solo lo que un candidato propone o representa, sino qué mancha lo acompaña, qué escena lo deja mal parado y qué sospecha se le pega. Conocer los pasados de los candidatos es relevante, pero el énfasis está en el escándalo y la contaminación del personaje.

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El caso colombiano

En Colombia no tenemos un TMZ político, pero se están consolidando prácticas donde medios, redes y campañas operan bajo la lógica de atacar la reputación antes que las ideas. Al político se le cubre como antagonista, los directores de medios incómodos se vuelven sospechosos y las campañas se convierten en una lucha de etiquetas: cómplice, infiltrado, radical, narco, castrochavista. A TMZ le funcionó la develación de la cosa pública, mostrando quién es realmente la persona elegida. Sin embargo, esto puede derivar en tiros al aire y una contaminación reputacional que reduce al otro a un arquetipo caricaturesco. Ya no se trata de observar a alguien en una escena reveladora, sino de reducirlo a una marca moral fácil de repetir.

La intimidad viral y sus riesgos

Lo de TMZ revela una tendencia contemporánea: queremos saber no solo qué propone la persona que elegimos, sino quién es, qué hace cuando nadie la vigila y hasta qué punto nos representa en un sentido íntimo y personal. Sin embargo, como esta intimidad viral suele premiar lo negativo, se sobredimensiona el escándalo por encima de otros rasgos. Las personas son grises: importa el carácter, pero también los resultados, la trayectoria y la complejidad. Cuando la guerra de reputaciones se descontrola, aparecen etiquetas como atajos cognitivos que sustituyen la deliberación y empobrecen el debate público.

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