Hay que tomarse muy en serio el pronunciamiento del contralor Carlos Hernán Rodríguez sobre la situación de las finanzas públicas de la Nación. Se trata de un responsable llamado a la cautela, que constituye un control de advertencia para este gobierno.
Para que la gente entienda, estamos frente a la situación de un hogar endeudado hasta los cachos, en el que se han disminuido sustancialmente los ingresos del padre de familia, su capacidad de pago es cada día menor y las deudas han empezado a vencerse. Es decir, la familia está próxima a la bancarrota, los niños no podrán volver al colegio, no habrá luz en la vivienda, habrá que reducir el número de comidas diarias y vendrán los embargos.
En un caso de esta naturaleza, cualquier padre diligente lo que tiene que hacer es anticiparse a la crisis y obrar en consecuencia. Eso no ocurre cuando el padre es un irresponsable, rompió el marranito de los ahorros, se dedica a la juerga y tiene decidido abandonar la familia a su propia suerte.
El llamado de atención del Contralor
El llamado de atención del Contralor empieza por señalar que las rentas tributarias de la casa Colombia se han reducido significativamente: del 2023 al 2025, pasaron de ser el 66 % al 56 % de los ingresos totales. Muy difícilmente se aumentará el recaudo fiscal con el modesto crecimiento económico y la abulia empresarial existente, por las políticas gubernamentales y la inseguridad reinante, con lo cual parece delirante pensar en más reformas tributarias.
El papá de la casa Colombia debería considerar actuar sobre el gasto, recortándolo y priorizándolo, para que sea compatible con los ingresos. Pero ha dado muestras de no hacerlo y quedarse con el título de dilapidador.
Si se sigue por este camino, terminaremos en la quiebra. ¡Ni pensarlo! Pero el Contralor da pruebas de que el Gobierno está dejando de pagar obligaciones en montos billonarios, en sectores tales como la salud, la educación y las condenas judiciales, entre otros. Inclusive, menciona vigencias futuras vencidas en infraestructura, lo que resulta insólito y manda un mensaje funesto a los inversionistas.
El déficit fiscal y la deuda
De allí surge la mayor preocupación de la Contraloría: cómo manejar el elevado déficit fiscal y de qué manera asegurar la sostenibilidad de la deuda para financiarlo, justo en un momento en el que la sola atención de esta ya vale más que el presupuesto de inversión. Tomar más recursos en el mercado será cada vez más difícil por el tamaño del déficit, la nota de nuestros papeles está a la baja y, naturalmente, por culpa nuestra, se han encarecido los intereses.
Hay señales de que, a pesar de la situación, este gobierno continuará gastando y gastando, particularmente por razones electorales, cuyo éxito para el Pacto Histórico se funda en el gasto populista y poco transparente. Como no hay propósito de enmienda, el minhacienda buscó el camino del precipicio; para no entrar en ‘default’, decidió echarle mano al ahorro de los trabajadores colombianos, como fuente de financiamiento. Sorprende su silencio.
El ahorro de los trabajadores en riesgo
No solo son los $ 25 billones del “conejazo” de que se habla esta semana, que se esfumarán en manos de Colpensiones. La jugadita ha llegado al extremo de exigirles a las administradoras de fondos de pensiones traer $ 125 billones del exterior, que hasta ahora estaban bien invertidos por fuera y con buenos rendimientos. Como nuestro mercado de capitales es poco profundo y hay pocos emisores, la mayor parte de ese dinero tendrá que invertirse en TES, que son los papeles que emite el Gobierno para financiarse. Es decir, la caprichosa medida conducirá a darle al Gobierno más de $ 60 billones, provenientes del ahorro de los trabajadores. Así, el riesgo que no quieren tomar los mercados se lo impondrán a la clase trabajadora.
Alguien debería contarles esto. Porque el Gobierno botará su ahorro en gasto improductivo y corrupción. Los trabajadores deberían saber que con la mano izquierda les aumentan el salario mínimo, pero con la derecha les quitan su dinero para la vejez.



