La irresponsabilidad de los líderes políticos en Colombia
La irresponsabilidad de nuestros líderes políticos es deplorable. Por un lado, el presidente de la República, Gustavo Petro, desconociendo una elección democrática y buscando que millones de colombianos compren sus teorías de conspiración sin aportar pruebas decentes. Por el otro, Carlos Alonso Lucio, estratega principal del presidente electo, Abelardo de la Espriella, vendiendo el gobierno entrante como una especie de vendetta contra Petro y sus aliados ideológicos. No han comprendido la delicadeza del momento histórico. Es urgente que haya calma, reflexión y mesura.
La retórica de Petro: de la derrota a la conspiración
Sabíamos que el presidente Petro iba a vender la idea de fraude electoral porque lo anunció desde hace ocho años, cuando fue derrotado por Iván Duque. Lo que no esperábamos era el recrudecimiento de su retórica en los últimos días hasta llegar a un punto realmente delirante. Hablando de sí mismo en tercera persona, como si quisiera utilizar todo el peso de la rama ejecutiva en cada palabra, escribió: “El presidente de Colombia... es el filósofo Iván Cepeda. El presidente de Colombia no reconoce la legitimidad del gobierno entrante. Abelardo no ganó las elecciones”. Ha prometido pruebas, mientras lanza teorías con retozos de información sin validación, pero no las hemos conocido. Sus afirmaciones tienen el objetivo de manipular, enardecer a sus seguidores y tratar de manchar cualquier actuar del gobierno que eligieron los colombianos. Ya dijo que entregará el poder, pero al mismo tiempo que habla de resistencia civil y de un “robo electoral”. Su decisión es envenenar el debate y romper la credibilidad de las instituciones. Gustavo Petro, el demócrata, tantas veces mentado por el mismo mandatario, ya no existe. Tenemos a Gustavo Petro, el lanzallamas.
Un llamado a la mesura y al respeto institucional
Presidente, es momento de la mesura. Se pueden convocar marchas, se pueden utilizar los mecanismos que la Constitución política permite. Lo que no se puede es utilizar el puesto de presidente para sembrar mentiras, desacreditar al sistema electoral y ser un pésimo perdedor. En su mensaje, escribió: “Reconozco al pueblo real que votó por Abelardo y lo respeto”. Su actuar demuestra todo lo contrario. Es tiempo de recordar su promesa con la Carta política y con sus propios electores. La mesura, empero, también debe llegar al equipo del presidente electo. Carlos Alonso Lucio, mano derecha de Abelardo de la Espriella, ha utilizado entrevistas públicas para hablar de llevar a la cárcel al presidente Petro y a personas cercanas a él. Sus palabras suenan a venganza, buscan sembrar la idea de que están reemplazando un gobierno ilegítimo. El mismo vicepresidente electo, que se presenta a sí mismo como un hombre respetuoso de las formas, ha caído en el juego político de hablar de actos de corrupción sin dar pruebas para lo mismo. Levantarse del empalme, como anunció ayer el presidente electo, Abelardo de la Espriella, es atizar aún más la polarización. No estamos para irrespetar las normas, para convertir un momento tan delicado en un perfomance que busque activar las barras bravas.
La necesidad de reducir la polarización
La política está llena de calenturas, sí, pero gobernar requiere echar agua fría cuando el momento lo amerita. Nuestro país es de mecha corta, la violencia siempre está buscando excusas para aparecer. Las instituciones son un antídoto para el radicalismo, para los abusos y para los caprichos personalistas. Es tiempo de respetarlas, de crear espacios de diálogo, de bajar el tono y reconocer que los colombianos no necesitan más enfrentamientos entre bandos.
¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com Nota del director. Necesitamos lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra. Por El Espectador



