Liquidar RTVC: la reforma que mide la intención del poder de renunciar a sí mismo
Liquidar RTVC: la reforma que mide el poder

El 13 de junio de 1954, a las siete de la noche, Colombia vio televisión por primera vez. Sonó el himno nacional y, en la primera imagen transmitida en la historia del país, apareció el general Gustavo Rojas Pinilla, quien le habló a la nación desde el Palacio de San Carlos y declaró inaugurada la televisión. La fecha no fue casual: era el primer aniversario de su golpe de Estado. La televisión colombiana nació como el regalo de cumpleaños que un gobierno militar se dio a sí mismo.

La propiedad de RTVC: ¿de quién es realmente?

Setenta y dos años después, ha llegado la hora de liquidar RTVC, no de reformarlo, despolitizarlo ni blindarlo del gobierno de turno. Algunos dirán que no le pertenece al gobierno, sino a los colombianos, y suena bien, pero es falso. Ser dueño implica poder usar, vender y decidir. ¿Puede usted, como supuesto “dueño” de RTVC, vender su parte, nombrar al gerente o negarse a pagar su costo? No. En cambio, el gobierno nombra al gerente, fija el presupuesto y marca la línea editorial a diario. Lo que es de todos no es de nadie y termina en manos de quien tiene la llave de la Casa de Nariño.

El dilema de fondo: ¿debe el Estado tener medios de comunicación?

La discusión de fondo no es si es posible tener programas y un noticiero equilibrado en su parrilla, sino si el Estado debe poseer medios de comunicación. El Estado es el actor más poderoso de una sociedad: el único que hace las leyes, cobra impuestos y tiene el monopolio de la fuerza. Toda la tradición republicana y liberal existe para limitar ese poder, porque el poder sin contrapeso siempre termina abusando. Las cortes, el Congreso y otras instituciones controlan al gobierno, pero todos esos frenos viven dentro del propio Estado, y nadie es buen juez en causa propia.

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El contrapeso externo: la prensa libre frente al poder

Los medios de comunicación y la prensa libre son un contrapeso fundamental que opera desde afuera: son la mirada del ciudadano sobre el poder. Un medio del propio Estado es el árbitro que juega para un equipo: cobra las faltas a su favor y firma él mismo el acta. Cuando el vigilado le paga la nómina al vigilante, el que se queda ciego es el ciudadano. Y no sirve prometer que ahora sí lo manejarán bien: pedirle al gobierno de turno que blinde su propio medio es encargarle al zorro el diseño del gallinero.

Contenido cultural valioso: ¿se puede financiar sin poseer medios?

Por supuesto, hay contenidos valiosos sobre cultura nacional, tradiciones y otros temas que quizás el mercado no esté interesado en producir, pero que la sociedad colombiana quiere que existan. Sin embargo, financiar contenidos no obliga a poseer una serie de canales de televisión y emisoras de radio. Para eso basta con ampliar el fondo público concursable, con jurados independientes, que hoy existe para el cine y otras producciones: se puede subsidiar la música sin nacionalizar la orquesta.

Liquidar RTVC: una prueba de la intención del poder

Liquidar RTVC no es la reforma más grande, quizás tampoco la más importante para el gobierno entrante, pero puede ser la más reveladora, porque mide la intención del poder de renunciar a un pedazo de sí mismo. Hace unos días, una persona muy cercana al nuevo gobierno dijo que Abelardo De La Espriella no era Petro, que había que dejarlo porque era muy importante; respondí que las instituciones no se diseñan para el gobernante que uno quiere, se diseñan para el que uno teme. Liquidarlo hoy es el seguro de todos para mañana.

Conclusión: apagar la pantalla encendida por un general

En 1954, un general encendió una pantalla para que Colombia lo mirara a él, y setenta y dos años después, todos los gobiernos han hecho lo mismo, no porque todos fueran perversos, sino porque el aparato fue diseñado para eso. Ya es hora de apagarla.

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