Urológico Alberto Posada enfrenta prisión por abusos sexuales sistemáticos
Un juez de control de garantías dictó medida de aseguramiento en centro carcelario contra el médico urólogo Alberto Posada Peláez, señalado como agresor serial que utilizaba su investidura médica y su consultorio privado para someter sexualmente a sus pacientes durante más de una década en Medellín.
Denuncias que destaparon el caso
A mediados de enero pasado, a través de la concejala Camila Gaviria, se conoció que dos docenas de mujeres denunciaron a este reconocido urólogo de la capital antioqueña. La edil afirmó en su momento: "Las mujeres merecemos espacios seguros, sobre todo en las consultas médicas. Hago un llamado a la justicia para que este caso se resuelva pronto".
Inicialmente, el profesional recibió una suspensión de sus labores por seis meses mientras avanzaban las investigaciones. Posteriormente, unidades de la Policía Nacional lo capturaron en un parqueadero del sur de Medellín, luego de que un fiscal del Centro de Atención Integral a Víctimas de Abuso Sexual lograra asociar un patrón delictivo tras recibir formalmente al menos 20 denuncias.
Proceso judicial y condena
Durante audiencias concentradas, la Fiscalía General de la Nación le imputó el delito de acceso carnal o acto sexual abusivo en persona puesta en incapacidad de resistir. Aunque el procesado no aceptó los cargos, el material probatorio fue considerado suficiente para que el juez determinara que el médico representa un peligro para la sociedad y las víctimas, ordenando su reclusión inmediata.
Los expedientes en contra de Posada indican con precisión que el urólogo recibía a las mujeres en consulta, donde presuntamente realizaba comentarios e insinuaciones de carácter íntimo para luego solicitarles que usaran una bata médica. Una vez en estado de indefensión, el chequeo médico se transformaba en abuso y sometimiento sexual.
Testimonios desgarradores de las víctimas
Algunas de las mujeres que fueron víctimas de Posada relataron los vejámenes en el podcast 'Vos Podés', donde al menos cuatro pacientes compartieron sus experiencias traumáticas ocurridas en dos prestigiosas clínicas de Medellín.
Una de las víctimas narró: "Yo estudié con él en el colegio, tuvimos una amistad de más de 30 años. Fui a una consulta por temas urinarios y me hizo un tacto vaginal. Me empezó a decir que apretara sus dedos con los músculos de la vagina, que si tenía orgasmos".
Otra mujer relató: "A mí me dio una infección urinaria... fui a consulta y primero me hizo unos exámenes, pero luego me dijo que iba a revisar que no tuviera un problema sexual. Me empezó a meter los dedos en la vagina y a decirme que apretara. Esto se empezó a convertir en una situación incómoda".
Una tercera víctima detalló: "Me realizó una evaluación física, me pidió que me desnudara y me acostara en la camilla con una bata. De un momento a otro me empezó a hacer un tacto vaginal, pero me dijo que cerrara los ojos, que sintiera, me preguntó que si me excitaba".
Posible magnitud mayor del escándalo
La dimensión de este caso podría ser mucho mayor a lo expuesto inicialmente en el boletín judicial. Reportes periodísticos adicionales indican que el número de víctimas potenciales podría ascender a 50 mujeres, quienes habrían sufrido vejámenes similares durante años en consultas privadas.
Los relatos de las sobrevivientes coinciden en el uso de maniobras de manipulación y tocamientos inapropiados bajo la excusa de procedimientos médicos legítimos. Las mujeres que rindieron su versión en el podcast denunciaron que los abusos ocurrieron a finales de los años 90 e inicios de los 2000, cuando tenían alrededor de 20 años de edad.
Este caso ha generado una profunda reflexión sobre la seguridad de las pacientes en consultorios médicos y la importancia de mecanismos de protección efectivos contra el abuso de poder en relaciones médico-paciente.



