La Antártida: estabilidad costera frente a pérdidas críticas en regiones occidentales
Un estudio exhaustivo publicado en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) ha proporcionado la radiografía más completa hasta la fecha sobre la evolución de la capa de hielo en la Antártida durante las últimas tres décadas. La investigación, que analizó meticulosamente datos satelitales recopilados entre 1992 y 2025, revela un panorama complejo de estabilidad y vulnerabilidad en el continente más austral del planeta.
Estabilidad predominante en las costas
Contrario a lo que podría esperarse, los científicos han determinado que aproximadamente el 77% de la longitud total de la costa antártica no ha experimentado cambios significativos en su cobertura de hielo durante los últimos 33 años. Este hallazgo sugiere que, a pesar de las presiones del calentamiento global, extensas áreas del litoral antártico han demostrado una notable resistencia.
Puntos críticos de pérdida acelerada
Sin embargo, el estudio identifica con precisión las regiones donde los efectos del cambio climático han sido más devastadores:
- Península Antártica: La zona más septentrional del continente, cercana a aguas chilenas y argentinas, donde se concentran numerosas bases de investigación científica.
- Tierras de Wilkes y George V: Localizadas en el sector oriental, próximas a Australia y el océano Índico.
- Región occidental: Área que incluye el mar de Amundsen y Getz, donde se registran los impactos más severos.
En la región occidental, particularmente, los investigadores documentaron retrocesos en las líneas de tierra de hasta 40 kilómetros, atribuidos principalmente a la influencia de vientos y aguas templadas provenientes del norte.
Cifras alarmantes de pérdida total
El balance global del período analizado es preocupante: entre 1996 y 2025, la Antártida perdió un área de hielo de 12.820 kilómetros cuadrados, superficie que supera la extensión total del departamento colombiano del Quindío. De esta pérdida, un 62% se concentró en la región occidental, confirmando su papel como epicentro de la degradación glaciar antártica.
Esta investigación no solo cuantifica las transformaciones ya ocurridas, sino que establece una línea base crucial para monitorear futuros cambios en un continente cuyo equilibrio hídrico global es fundamental para el clima planetario.
