El 26 de abril de 1986, una prueba de seguridad fallida en el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil, en la entonces Ucrania soviética, provocó dos explosiones de vapor e incendios que liberaron a la atmósfera al menos el cinco por ciento del núcleo radiactivo. Este accidente, considerado el peor de la historia nuclear, dejó decenas de muertos, un subregistro de víctimas, zonas deshabitadas y lecciones que reescribieron los protocolos de seguridad. Cuatro décadas después, persisten esfuerzos multilaterales para subsanar por completo sus efectos.
¿Qué sucedió aquella noche?
El 25 de abril de 1986, antes de una parada de mantenimiento, los operarios del reactor 4 comenzaron a preparar una prueba que determinaría si, en caso de un corte de energía, la presión residual de la turbina principal podría generar electricidad suficiente para mantener activo el sistema de refrigeración durante unos 45-60 segundos. Los reactores RBMK de Chernóbil contaban con tres generadores diésel de reserva, que aunque se activaban en 15 segundos, tardaban entre 60 y 75 en alcanzar la potencia necesaria. El objetivo era demostrar que el lapso entre un fallo eléctrico externo y la plena potencia de los generadores de emergencia no representaba un riesgo. Pruebas similares en 1982, 1984 y 1985 habían fracasado.
La sala de control
En la sala de control trabajaban entre 16 y 19 personas esa noche, de las cuales solo tres eran ingenieros nucleares: Anatoly Dyatlov, ingeniero jefe y supervisor de la prueba; Aleksandr Akimov, de 33 años, supervisor de turno nocturno; y Leonid Toptunov, de 26 años, ingeniero de operación del reactor 4 con solo dos meses en el cargo. Akimov y Toptunov murieron días después por síndrome de radiación aguda. Dyatlov fue hallado responsable por obligar a los ingenieros a llevar el reactor a niveles fuera de control y por incumplir normas de seguridad; fue condenado a 10 años de trabajos forzosos y falleció en 1995. Hoy, la sala se encuentra bajo el sarcófago y mantiene altos niveles de radiación.
La nube radiactiva y su alcance
El día del accidente, el viento de entre 30 y 40 km/h arrastró el polvo radiactivo hacia el norte de Ucrania y Bielorrusia. Alrededor de la planta, la contaminación se densificó por la presencia de polvo y químicos pesados. La ciudad de Prípiat, a tres kilómetros de la central, fue evacuada el 27 de abril de 1986, 36 horas después del accidente. En ese entonces tenía unos 45.000 residentes y había sido construida en 1970 para albergar a los operadores y sus familias. El gobierno soviético, temiendo un riesgo político, ocultó el accidente durante 18 días. Para el 14 de mayo, unas 116.000 personas en un radio de 30 kilómetros habían sido evacuadas y reubicadas; la mayoría recibió dosis de radiación inferiores a 50 miligrays.
Víctimas y afectaciones a la salud
Al menos dos trabajadores murieron por la explosión. El síndrome de radiación aguda (SRA) se confirmó oficialmente en 134 casos, con síntomas como problemas gastrointestinales, náuseas, vómitos, dolor de cabeza, quemaduras y fiebre. Una exposición de 8.000 a 10.000 miligrays es considerada fatal. Los bomberos y trabajadores que atendieron la emergencia estuvieron expuestos a hasta 20.000 miligrays; al menos 28 de ellos murieron. Entre 1987 y 2004, otros 19 trabajadores fallecieron por causas no atribuidas directamente a la radiación. Organizaciones internacionales cuestionaron las cifras oficiales y alertaron sobre un subregistro. En total, se registraron 5.000 casos de cáncer de tiroides, con 15 muertes, además de efectos en la salud mental.
La zona de exclusión
La zona de exclusión inicial de 2.600 km² se amplió a 4.300 km², y otras 220.000 personas fueron reubicadas en años posteriores. La radiación ionizante puede dañar el ADN y causar mutaciones, cáncer y destrucción del sistema inmune. Los órganos más afectados son la tiroides, la médula ósea, el sistema digestivo y la piel.
La liquidación y el confinamiento
El 20 de mayo de 1986 se comenzó a construir el 'Sarcófago' de hormigón alrededor del reactor para contener los restos radiactivos. Se excavó un túnel de 168 metros bajo el reactor con ayuda de 400 mineros. Entre 1986 y 1987, cerca de 200.000 'liquidadores' participaron en la limpieza, cifra que luego superó los 600.000. El sarcófago original mostró signos de debilidad en 1988, por lo que en 2017 se instaló el Nuevo Confinamiento Seguro (NCS), una estructura de acero diseñada para durar al menos un siglo. El proyecto fue financiado por el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) con 480 millones de euros y 1.600 millones adicionales donados por más de 45 países. En los años 90 se invirtieron 400 millones de dólares para mejorar la seguridad de los otros reactores. La unidad 3 operó hasta el año 2000, la unidad 2 cerró en 1991 tras un incendio y la unidad 1 en 1997. En noviembre de 2020, el BERD creó una cuenta para apoyar el desmantelamiento y la limpieza hasta 2064.
Incidente reciente
El 14 de febrero de 2025, un dron ruso impactó el techo del NCS, creando un agujero de seis metros de diámetro. Aunque la estructura principal no sufrió daños, el confinamiento primario se perdió. El BERD estima que la reparación costará más de 100 millones de euros y se prevé que esté lista en 2030.
Chernóbil hoy
A pesar de las evacuaciones, Chernóbil nunca quedó deshabitado. Unas 7.000 personas trabajan en la central y viven en Slavutich, una ciudad construida a 30 km tras la evacuación de Prípiat. La zona de exclusión se ha regenerado: los árboles han crecido y han aumentado especies como linces, alces y lobos. El 'Bosque Rojo', a 500 metros de la central, donde los árboles murieron por la radiación, se ha regenerado casi por completo en 30 años. Los perros salvajes que habitan la zona descienden de las mascotas abandonadas en 1986; se estima que hay unos 800 ejemplares.
Lecciones y futuro
El accidente de Chernóbil reescribió los protocolos de seguridad nuclear a nivel mundial. La energía nuclear sigue siendo una fuente importante en muchos países, pero los accidentes como este recuerdan los riesgos. La escala internacional de sucesos nucleares clasifica a Chernóbil como nivel 7, el máximo. A 40 años, el desastre aún asusta al mundo y exige vigilancia y cooperación internacional.



