Lo que durante siglos defendieron poetas, filósofos y tradiciones ancestrales hoy encuentra respaldo en laboratorios y revistas científicas: el contacto con la naturaleza produce efectos medibles sobre el cerebro y el cuerpo. Investigaciones recientes muestran que pasear por espacios verdes, percibir aromas de flores o simplemente contemplar paisajes naturales puede reducir el estrés, mejorar el sueño y fortalecer la salud mental.
El respaldo científico a la conexión con la naturaleza
La relación entre bienestar y naturaleza ha sido abordada desde hace siglos por escritores y pensadores como Henry David Thoreau, autor de 'Walden', obra publicada en 1854 en la que relató su experiencia de aislamiento voluntario en medio del bosque. El escritor sostenía que la convivencia con el entorno natural alejaba la melancolía y ayudaba a recuperar el equilibrio interior.
En las últimas décadas, distintos estudios científicos comenzaron a respaldar muchas de esas intuiciones. Investigaciones realizadas por universidades como Sussex, Oxford, Imperial College de Londres, la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile y la Universidad de Montreal concluyeron que la exposición a la naturaleza genera cambios medibles en la actividad cerebral, disminuye el estrés y mejora la capacidad de atención.
Los trabajos, publicados este año en la revista 'Neuroscience and Biobehavioral Reviews', analizaron 108 estudios y detectaron que pasar tiempo en espacios verdes incrementa la actividad alfa frontal del cerebro, asociada con relajación, reducción del pensamiento repetitivo y estados similares a la meditación.
El efecto de caminar entre árboles
Entre los hallazgos más destacados figura que una caminata de 90 minutos en un entorno natural ayuda a neutralizar el pensamiento rumiante, fenómeno asociado a la ansiedad y la depresión. Ese efecto no se observó en personas que realizaron el mismo recorrido en ambientes urbanos.
Además, los investigadores comprobaron que bastan entre ocho y quince minutos al aire libre para comenzar a registrar beneficios fisiológicos y emocionales. Los efectos aumentan cuando la exposición a la naturaleza se realiza de manera frecuente.
La bióloga británica Kathy Willis, profesora de biodiversidad en la Universidad de Oxford y autora del libro “Las bondades de la naturaleza”, recopiló investigaciones clínicas que relacionan el contacto con espacios verdes con mejoras en la salud física y mental. Willis recuerda especialmente un estudio publicado en 1984 en la revista “Science”, según el cual pacientes operados de vesícula biliar que tenían vista a árboles desde la habitación del hospital se recuperaban antes, requerían menos analgésicos y atravesaban un posoperatorio más favorable que quienes observaban una pared.
Aromas naturales y respuestas fisiológicas
Las investigaciones también analizaron cómo actúan determinados aromas naturales sobre el organismo. Según Willis, el perfume de rosas puede disminuir la sensación de ira y contribuir a calmar el sistema nervioso. Por otra parte, estudios de la Escuela de Medicina Nipona de Tokio señalaron que los terpenos liberados por árboles como el ciprés y el pino favorecen la producción de células NK, vinculadas con la defensa del organismo frente a virus y células cancerígenas. El olor del limón, de acuerdo con esas investigaciones, también mostró efectos positivos sobre síntomas respiratorios e inflamación de las vías aéreas.
Los baños de bosque y la reducción del cortisol
Japón fue uno de los países pioneros en estudiar la relación entre naturaleza y salud a través de los llamados “shinrin-yoku” o baños de bosque, práctica promovida desde la década de 1980. Las investigaciones japonesas concluyeron que quince minutos de caminata en un bosque podían reducir hasta un 16 % el cortisol, hormona relacionada con el estrés, además de disminuir el pulso y la presión arterial. A partir de esos resultados, distintos sistemas médicos comenzaron a incorporar actividades al aire libre como complemento en tratamientos de salud mental y manejo del estrés.
Dormir mejor y recuperar la atención
La Universidad Nacional Yang-Ming de Taipei analizó el impacto de la lavanda durante el sueño. En el estudio, participantes expuestos al aroma de esa planta registraron períodos más prolongados de sueño profundo y menos interrupciones nocturnas que quienes no recibieron la fragancia. Otra investigación desarrollada en la Universidad de Ciencias Médicas de Biryand, en Irán, indicó que el aroma de romero ayudó a mejorar el estado de alerta y la resistencia a la fatiga en médicos que realizaban turnos nocturnos.
El sonido también cumple un rol importante. Estudios citados por Willis señalan que los cantos de aves, el murmullo del agua y el ruido del viento entre los árboles son percibidos como más reparadores que los sonidos urbanos. Investigadores de la Universidad de Lund, en Suecia, concluyeron incluso que las personas se recuperan más rápido del estrés al escuchar sonidos de la naturaleza que únicamente al contemplar paisajes verdes.
Naturaleza, infancia y educación
La filósofa y pedagoga española Heike Freire sostiene que el contacto cotidiano con la naturaleza resulta fundamental para el desarrollo infantil. En su libro 'Educar en verde: cómo superar el déficit de naturaleza y cultivar el amor a la Tierra', publicado por Paidós en 2026, plantea que la conexión con espacios naturales favorece la creatividad, la resiliencia y la regulación emocional. Freire advierte que los ritmos acelerados y la desconexión con el aire libre afectan especialmente a niños y adolescentes, aumentando niveles de estrés y ansiedad. En la misma línea, el periodista y educador ambiental Richard Louv, autor de “El último niño en el bosque”, relaciona la falta de contacto con la naturaleza con el incremento de problemas emocionales y trastornos de atención en jóvenes.
El valor terapéutico del tacto y la jardinería
La horticultura y el contacto físico con materiales naturales también fueron objeto de estudio. Investigaciones realizadas en la Universidad de Tokio indicaron que trabajar con tierra y plantas puede reducir síntomas de ansiedad y depresión, además de mejorar funciones cognitivas. Por otro lado, el Instituto de Investigación Industrial de Shizuoka, en Japón, comprobó que tocar madera natural genera una relajación fisiológica y psicológica mayor que el contacto con materiales industriales como acero o mármol.
Las conclusiones de estos trabajos impulsaron propuestas vinculadas con la llamada “prescripción de naturaleza”, una tendencia que busca incorporar actividades al aire libre como parte de estrategias de bienestar y prevención en salud.



