Colombia lidera conferencia mundial para abandonar combustibles fósiles en Santa Marta
Colombia lidera conferencia mundial para dejar combustibles fósiles

Colombia lidera histórico encuentro mundial para superar dependencia de combustibles fósiles

Colombia y los Países Bajos se han convertido en los anfitriones de la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, un evento histórico que busca trazar rutas concretas para que el mundo abandone su dependencia del petróleo, el gas y el carbón. El encuentro se desarrollará en Santa Marta entre el 24 y el 29 de abril con representantes de al menos 62 países, marcando un hito en la diplomacia climática global.

Un escenario simbólico para un debate urgente

La elección de Santa Marta no es casual. Esta ciudad caribeña es el principal puerto exportador de carbón de Colombia, lo que la convierte en un escenario simbólico para demostrar que la transición es posible incluso desde los territorios que más dependen económicamente de los combustibles fósiles. La ministra encargada de Ambiente, Irene Vélez, explicó que la conferencia surge de la frustración acumulada en las negociaciones climáticas multilaterales, donde los intereses de los mayores emisores han bloqueado avances significativos.

"Varios países estuvimos de acuerdo en que era necesario generar un escenario para discutir abiertamente cuáles son las medidas que permitan hacer una ordenada transición para superar esa dependencia", afirmó Vélez, destacando que en el marco de la COP30 resultó imposible abordar lo que para muchas naciones representa el corazón del problema climático: la extracción y consumo de combustibles fósiles.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

El peso económico de lo que se quiere dejar atrás

Para entender la magnitud del desafío, los expertos presentan cifras contundentes. Martha Cobo, decana de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Sabana, revela que en febrero de 2026 los combustibles y productos de industrias extractivas representaron el 33% del valor total de las exportaciones colombianas. Ecopetrol proyectó para 2025 transferencias a la Nación cercanas a 35 billones de pesos entre dividendos, impuestos y pagos a la Agencia Nacional de Hidrocarburos.

Para dimensionar esta cifra: esos 35 billones equivalen a casi el 7% del Presupuesto General de la Nación, al 42% de toda la inversión nacional y a más de la mitad de lo presupuestado para pensiones. "No hay hoy otra actividad que sustituya de manera inmediata ese flujo de divisas y de recursos públicos sin generar un choque fiscal y social", advierte Cobo.

Robinson Andrés Mancilla Estupiñán, ingeniero de petróleos de la Universidad de Santander, agrega que los hidrocarburos han representado históricamente entre el 40% y el 55% del total de las exportaciones del país. Una restricción acelerada no solo afectaría los ingresos fiscales, sino que pondría en riesgo la seguridad energética, ya que Colombia aún no cuenta con una matriz suficientemente diversificada ni con infraestructura robusta para garantizar una sustitución inmediata.

Posiciones encontradas pero consenso en la urgencia

Frente a la pregunta de qué hacer con los combustibles fósiles, las posiciones de los expertos oscilan entre el escepticismo sobre la viabilidad de una salida rápida y la urgencia de actuar sin más demora. Sin embargo, existe un punto de convergencia: una prohibición abrupta sería tan peligrosa como no hacer nada.

El exministro de Ambiente Manuel Rodríguez Becerra critica abiertamente la política del gobierno colombiano de restringir la exploración y explotación de hidrocarburos: "Eso es un absurdo porque los ingresos fiscales de Colombia provienen en buena parte de la explotación de los combustibles fósiles, y suspender esa exploración no tiene ningún impacto a nivel global". Ya se observan consecuencias visibles, como la escasez inminente de gas que obligará al país a importarlo con impacto en las finanzas públicas.

Camilo Bayona, doctor en ingeniería de la Universidad Javeriana, ofrece una perspectiva más matizada: "La visión sostenible no debería ser enterrar el recurso intempestivamente, sino garantizar que cada peso generado por la venta y extracción de fósiles se reinvierta obligatoria y exclusivamente en financiar nuestra transición hacia una matriz limpia".

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar

Las condiciones mínimas para una transición viable

Los expertos coinciden en que Colombia necesita cumplir condiciones fundamentales para lograr una transición exitosa:

  • En lo tecnológico: Acelerar el despliegue de renovables con capacidad firme, fortalecer el almacenamiento y modernizar la transmisión.
  • En lo fiscal: Diversificar las fuentes de recaudo y promover nuevos sectores productivos.
  • En lo regulatorio: Dar seguridad jurídica para atraer inversión de largo plazo.
  • En lo social: Preparar el talento humano para nuevas dinámicas productivas.

Bayona señala que Colombia tiene el potencial natural para lograrlo: recursos hidráulicos en las montañas, energía eólica en el Caribe, solar en casi todo el territorio y biomasa para bioenergía. Sin embargo, advierte que la electricidad apenas representa el 18% del consumo final en Colombia, mientras que el petróleo suple el 90% de la demanda del transporte y el carbón el 40% de las necesidades de la industria.

La equidad como condición de posibilidad global

El debate sobre quién paga los costos de la transición atraviesa todas las discusiones en Santa Marta. Los países en desarrollo, que históricamente han contribuido de manera marginal a las emisiones globales, corren el riesgo de asumir cargas desproporcionadas en el proceso de descarbonización.

Juliana Peña Niño, gerente Colombia del Natural Resource Governance Institute, es directa: "Los países más ricos deben reducir primero y más rápido su propia producción, y aportar financiamiento suficiente para que los países en desarrollo construyan sus hojas de ruta sin que la transición recaiga sobre sus ingresos públicos y sus regiones productoras".

Andrés Gómez, coordinador para América Latina del Tratado sobre Combustibles Fósiles, propone que la solución pasa por un instrumento internacional vinculante: "La transición solo será justa si integra tres dimensiones simultáneas: justicia climática, justicia energética y justicia financiera. Sin las tres, los países en desarrollo seguirán pagando los costos de una crisis que no causaron".

Un mundo que no está listo pero que no tiene más opción

A nivel global, el panorama es igualmente complejo. Más del 70% de la demanda energética mundial sigue cubriéndose con combustibles fósiles. En 2024, la demanda global de energía creció el 2,2% y las emisiones marcaron un nuevo récord de 37,8 gigatoneladas de CO₂. Incluso China, que en 2024 agregó 373 gigavatios de nueva capacidad renovable, sigue siendo un gran consumidor de carbón.

Rodríguez Becerra ofrece una perspectiva histórica que contextualiza el fracaso acumulado de la diplomacia climática: cuando se firmó la Convención de Cambio Climático en Río de Janeiro, había expectativas de que el problema estaría resuelto para estos años. No solo no está resuelto: está empeorando. "El obstáculo estructural es el poder de las empresas petroleras y de la industria automotriz para bloquear la acción climática", afirma.

Aunque la conferencia de Santa Marta no producirá un tratado ni compromisos vinculantes, sí puede generar el entendimiento compartido y la orientación práctica que permitan a los países dispuestos avanzar con mayor certeza. En un mundo donde los grandes emisores siguen bloqueando los acuerdos climáticos más ambiciosos, ese es, por ahora, el espacio posible. Y Colombia ha decidido ocuparlo.