Impacto devastador del conflicto armado sobre la fauna colombiana
Un informe histórico de la Unidad de Investigación y Acusación (UIA) de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) ha revelado cifras alarmantes sobre el impacto del conflicto armado en la fauna colombiana. Según el estudio titulado "Daños Invisibles: la violencia contra animales en el conflicto armado en Colombia (2017-2026)", al menos 100.252 animales han sido afectados durante este período de nueve años.
Una tragedia que ocurre cada 30 minutos
Las estadísticas son contundentes: en Colombia, cada 30 minutos un animal muere o resulta gravemente herido en el contexto del conflicto armado. Esta no es una situación aislada, sino una dinámica persistente que ha configurado un panorama desolador para la biodiversidad nacional.
El informe clasificó las afectaciones en seis categorías principales:
- Envenenamiento
- Abandono forzado
- Accidentes por artefactos explosivos improvisados
- Retención ilegal
- Acción militar
- Amenaza
El análisis revela que el 32% de los casos corresponde a daños causados directamente por acciones militares, incluyendo combates, emboscadas, hostigamientos y ataques con drones. Por otro lado, el 27% está relacionado con abandono forzado de animales domésticos, consecuencia directa del desplazamiento forzado de comunidades.
44 especies en riesgo crítico de extinción
Uno de los hallazgos más preocupantes del informe es la identificación de 44 especies en estado crítico de extinción cuya situación está directamente vinculada a dinámicas del conflicto armado. Estas especies fueron clasificadas en cuatro categorías de afectación:
- Tráfico de fauna
- Deforestación
- Minería ilegal
- Voladura de infraestructura
El departamento de Antioquia concentra la mayor cantidad de especies amenazadas, incluyendo el arrierito antioqueño, el paujil piquiazul, varias ranas arlequín y el mono araña. El Parque Nacional Natural Farallones de Cali ha sido identificado como una de las áreas protegidas más amenazadas.
Anfibios: las víctimas más vulnerables
Entre las 44 especies en riesgo crítico, el informe destaca especialmente la situación de los anfibios. Se identificaron 36 especies de ranas en peligro: 18 del género Atelopus y 18 del género Pristimantis. Este dato es particularmente relevante considerando que Colombia es uno de los países con mayor biodiversidad de anfibios en el mundo.
La desaparición de estas ranas tendría efectos en cascada sobre los ecosistemas, ya que cumplen funciones clave en el control de insectos y en las cadenas alimenticias. El análisis sugiere que las disidencias de las Farc serían el grupo armado no estatal con mayor incidencia en territorios donde habitan estas especies en riesgo.
Animales como herramientas de guerra
El informe documenta cómo los animales han sido utilizados como herramientas dentro de las estrategias armadas. Se registran casos de uso en logística militar, transporte de combatientes, evacuación de heridos y traslado de alimentos, armas o medicinas.
En escenarios más extremos, los animales han sido utilizados para infligir dolor o generar terror. Investigaciones citadas en el informe documentan el uso de serpientes como instrumento de tortura y la exposición de víctimas a entornos con caimanes en condiciones de extrema vulnerabilidad.
Un llamado al reconocimiento como víctimas
El informe concluye con una propuesta que abre un debate jurídico de fondo: reconocer a los animales como víctimas del conflicto armado. Este planteamiento se sustenta en la idea de la sintiencia, es decir, la capacidad de los animales para sentir dolor y placer.
Entre las medidas concretas propuestas se encuentra la creación de estrategias de atención veterinaria en contextos de desplazamiento forzado, incluyendo protocolos para el traslado y cuidado de animales domésticos. A nivel internacional, el documento vincula estas discusiones con iniciativas como la propuesta de reconocer el ecocidio como crimen en el Estatuto de Roma.
El informe plantea una transformación en la manera de entender la guerra, señalando que no se trata únicamente de reconocer los daños humanos, sino de asumir que la violencia ha afectado múltiples formas de vida. Se requieren medidas urgentes de protección para las especies en riesgo crítico, especialmente en territorios donde convergen conflicto armado y degradación ambiental.



