Oso andino: especie sombrilla en peligro y su conservación en Colombia
Oso andino: especie clave y su conservación en Colombia

En el mundo existen ocho especies de osos, agrupadas en la familia Ursidae, pero en América del Sur solo habita una: el oso andino (Tremarctos ornatus). Este mamífero vive a lo largo de la cordillera de los Andes, desde Venezuela y Colombia hasta el norte de Argentina, abarcando seis países y una gran diversidad de ecosistemas como bosques nublados, selvas montanas y páramos de alta montaña, en altitudes que van desde los 200 hasta los 4.200 metros sobre el nivel del mar. A pesar de su amplia distribución, el único oso sudamericano está en peligro. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo cataloga como Vulnerable, lo que pone en riesgo no solo su supervivencia, sino también sus fuertes relaciones con los ecosistemas y las comunidades que le han dado nombres como ucumari, ukuku u oso de anteojos, debido a las manchas blancas únicas en el rostro de cada individuo, que contrastan con su pelaje marrón oscuro.

Una especie clave para los ecosistemas

El oso andino no es solo una especie carismática, sino también clave para los ecosistemas. Su distribución se extiende por casi toda la cordillera de los Andes, el sistema montañoso más grande del mundo. Según Luisz Olmedo Martínez, director de Parques Nacionales Naturales de Colombia, “el oso andino es una especie maravillosa y emblemática de los Andes, y en Colombia su presencia es considerada esencial para monitorear la calidad de los ecosistemas de soporte”. Esto se debe a que, con miles de años de relación con el territorio, este mamífero es lo que los científicos denominan una especie sombrilla.

Una particularidad de estos osos es que no digieren totalmente los alimentos que consumen. Aunque son omnívoros oportunistas, su dieta es casi totalmente vegetal, basada en frutas y plantas. Al ingerirlas y expulsarlas a través de su sistema digestivo, dispersan semillas que se convierten en nuevas plantas y árboles. Además, el oso andino es muy móvil. Un estudio del Instituto Humboldt y la Fundación Wii, con telemetría GPS, encontró que un oso macho en el Parque Nacional Natural Chingaza recorrió casi 24.000 hectáreas en solo tres meses. Como explica Catalina Gutiérrez, directora ejecutiva de Wildlife Conservation Society (WCS), “es una especie sombrilla, pues requiere grandes extensiones de tierra bien conservadas para sobrevivir y tiene interacciones positivas con muchas otras formas de vida y servicios ecosistémicos como el agua”.

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También tiene una fuerte relación con los bosques andinos y de niebla. En busca de alimento, a menudo se trepa en árboles y rompe ramas, permitiendo la entrada de luz en ecosistemas boscosos. Sin embargo, esta interacción se ha visto amenazada por la expansión de la frontera agrícola, la degradación de ecosistemas, la ganadería extensiva y la cacería en conflictos con comunidades.

Estrategia Conservando la Vida: resultados positivos

Como respuesta a estas dificultades, en Colombia se ha implementado durante los últimos diez años la estrategia Conservando la Vida, una iniciativa intersectorial que presentó sus resultados el martes 12 de mayo en Bogotá. En ella participan la Fundación Grupo Argos, WCS, Parques Nacionales Naturales de Colombia, la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), la Fundación Smurfit Westrock Colombia y, ahora, la Corporación Autónoma Regional del Quindío. Un dato destacado es que se ha logrado un aumento de la ocupación del oso en un corredor biológico intervenido, que pasó del 52 % al 76 %. Además, mediante cámaras trampa se han identificado 17 especies de fauna en las áreas de restauración, señal de ecosistemas más diversos y funcionales.

María Camila Villegas, directora de la Fundación Grupo Argos, señala que “estos resultados se registran en un corredor biológico priorizado en las cordilleras occidental y central de Colombia, que hacen parte de los cinco núcleos necesarios para conservar el oso andino”.

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Un modelo ganar-ganar con comunidades

John Bravo, campesino de El Águila (Valle del Cauca), relata que hace diez años su comunidad tenía una relación negativa con el territorio: cazaban y talaban árboles. “Esto cambió cuando llegaron las instituciones en búsqueda del oso andino. Hemos entendido que tenemos una biodiversidad de alto valor”, afirma. El modelo de Conservamos la Vida se basa en trabajar con comunidades campesinas, desarrollando alternativas pedagógicas, acuerdos voluntarios y corresponsabilidad. Se han firmado más de 90 acuerdos voluntarios de conservación, donde familias destinan partes de sus predios a la regeneración del bosque y siembra de especies nativas. También se implementaron planes para mejorar prácticas agrícolas y el manejo de animales domésticos, reduciendo presiones sobre el hábitat del oso.

Según Gutiérrez, “se necesitan acciones conjuntas, y por eso uno de los incentivos es impulsar prácticas sostenibles de ganadería y agricultura, en particular en torno al cultivo de café”. La estrategia también incluye educación ambiental y fortalecimiento productivo. Ha beneficiado a 3.660 personas mediante capacitación y empleo. Un ejemplo es el grupo de familias campesinas del Valle del Cauca que creó la marca Café Oso Andino, comercializando 34.587 kg entre 2019 y 2025, y 2.152 kg en mercados verdes. Esto ha incrementado los ingresos familiares en un 143 %.

Los gestores esperan escalar el programa. Villegas detalla que “el objetivo es desarrollar mecanismos financieros para que otras empresas puedan aportar y permitir que esto continúe no solo diez años más, sino 40 o más, mejorando la calidad de vida de las familias”. Martínez concluye: “Al cumplir diez años, esta estrategia nos muestra cómo, a través del diálogo abierto, la articulación entre sectores y la apuesta científica, se puede convertir en un modelo de desarrollo para el territorio”.