No nos cansamos de observar el estado en que se encuentran los países que aplican el modelo del socialismo del siglo XXI, eufemismo que sirve para disfrazar las dictaduras que nos arrastran al comunismo. Angustia ver cómo nuestra patria está siendo conducida inexorablemente hacia ese modelo, aunque aún haya quienes digan que aquí no se puede aplicar.
Pues bien, no se necesita ser un genio para ver cómo nos están llevando hacia ese destino, apoyados en nuestra indiferencia, falta de sentido político y apatía conceptual. Duele sentir cómo estamos hablando de democracia cuando tenemos un gobierno que no ve así la situación y que, amparado en la supuesta voluntad del pueblo, ha trastocado el orden social, no solamente incumpliendo lo prometido sino amparado en la violencia legalizada, pretendiendo imponerse para aplicar los modelos implementados del Foro de Sao Pablo.
Durante cuatro años esta ha sido la orientación de la cabeza del ejecutivo y ahora, por la razón populista o por la fuerza armada, se intenta imponer un candidato que es a todas luces bastante más amenazante y peligroso. Quienes sí creemos en la auténtica democracia, angustia ver la oposición dividida en 13 partes y nada más y nada menos que para hacerle frente a un candidato único que tiene a su favor no solo las maquinarias oficiales sino también a los gestores de paz, que no son otra cosa que violentos disfrazados de corderos.
Duele ver cómo las Farc, supuestamente extintas, están al borde de llegar al poder por la indiferencia de la mayoría de los ciudadanos que continúan pensando que un voto más, un voto menos carece de importancia. Situaciones como la actual requieren del esfuerzo de quienes pensamos que de continuar la ruta que nos están imponiendo terminaremos muy mal, y que hoy hay que aplicar la fórmula de moda “estábamos mejor cuando estábamos peor”.
Un llamado a la acción ciudadana
¡Despertemos por favor! Entendamos que la situación se salva votando, único mecanismo del que disponemos quienes aceptamos intentar convivir civilizadamente. Hoy es el momento de defender con coraje lo que sentimos y queremos para que luego no nos toque lamentar como cobardes lo que no supimos defender en este momento.
Salgamos a votar por quien sea; eso es parte de nuestra propia voluntad; que la abstención no sea otra vez la verdadera ganadora de estos comicios. Pensemos en Colombia y optemos por escoger, pero abramos bien los ojos y miremos la realidad visualizando el futuro que nos espera. No todos los candidatos son perfectos, pero hay algunos que tienen más defectos que virtudes; piénselo a futuro, siendo patriotas de verdad para ver si logramos la Colombia que deseamos.



