Afganistán mantiene llamado al diálogo mientras Pakistán intensifica ofensiva militar
El portavoz del gobierno afgano, Zabihulá Mujahid, reiteró este viernes el compromiso de su país con una solución pacífica al conflicto con Pakistán, a pesar de los recientes bombardeos paquistaníes sobre Kabul y otras ciudades afganas que han marcado una peligrosa escalada en las tensiones regionales.
"Hemos insistido repetidamente en una solución pacífica y todavía queremos que el problema se resuelva a través del diálogo", afirmó Mujahid durante una rueda de prensa, mientras aviones de combate paquistaníes continuaban sobrevolando el espacio aéreo afgano en lo que representa una de las crisis más graves entre ambos países en años recientes.
Declaración de guerra abierta
La situación alcanzó un punto crítico el jueves cuando Pakistán declaró formalmente una "guerra abierta" contra Afganistán, tras días de intensos enfrentamientos transfronterizos y ataques recíprocos que han generado alarma en la comunidad internacional sobre la posibilidad de un conflicto prolongado en la región.
El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, anunció que se había agotado la "paciencia" de su gobierno y procedió a formalizar el estado de conflicto abierto, marcando un punto de inflexión en las relaciones bilaterales que ya venían deteriorándose desde hace meses.
Raíces del conflicto
La escalada actual tiene sus orígenes en varios factores clave:
- Presencia del TTP: La negativa de los talibanes afganos a expulsar al Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), un grupo insurgente anti-Pakistán que opera desde territorio afgano.
- Acusaciones de protección: Pakistán acusa al gobierno de Kabul de proteger activamente a estos combatientes, a pesar de las negaciones oficiales de los talibanes.
- Fracaso diplomático: El colapso de los esfuerzos de mediación internacional, particularmente aquellos liderados por Qatar y Turquía.
- Tensiones históricas: Disputas de larga data sobre la Línea Durand, frontera establecida en 1947 que ambos países nunca han reconocido completamente.
Los bombardeos paquistaníes contra ciudades afganas representan los ataques más intensos desde el alto el fuego pactado en octubre de 2025, que puso fin temporalmente a semanas de enfrentamientos que dejaron decenas de muertos y cientos de heridos según reportes internacionales.
Contexto histórico y actual
Las tensiones se han exacerbado significativamente desde el resurgimiento talibán en Afganistán en 2021. Pakistán responsabiliza directamente al gobierno afgano por no controlar al TTP, que fue antiguo aliado contra Estados Unidos pero que ahora ha intensificado sus ataques contra objetivos paquistaníes.
En los últimos años, el TTP ha llevado a cabo una campaña persistente contra las fuerzas de seguridad paquistaníes, incluyendo un devastador atentado suicida en noviembre de 2025 que mató a una docena de personas en un tribunal de Islamabad.
Aunque los talibanes afganos niegan oficialmente albergar grupos militantes en su territorio, algunos funcionarios han reconocido de manera privada la presencia de miembros del TTP, creando una contradicción que alimenta las sospechas paquistaníes.
La situación se complica aún más por las acusaciones de supuestos lazos entre los talibanes afganos y la India, factor que Pakistán considera como una amenaza adicional a su seguridad nacional.
Balance de víctimas y negaciones
Los talibanes afganos han reportado la muerte de aproximadamente 55 soldados paquistaníes durante los recientes enfrentamientos, cifra que Islamabad niega categóricamente. Esta discrepancia en los números refleja la profunda desconfianza que caracteriza las relaciones entre ambos países y dificulta cualquier posibilidad de verificación independiente de los hechos en el terreno.
Mientras el gobierno afgano insiste en el camino del diálogo, la realidad sobre el terreno muestra una escalada militar continua, con aviones paquistaníes manteniendo presencia constante en el espacio aéreo afgano y tropas de ambos lados en alerta máxima a lo largo de la frontera compartida.
La comunidad internacional observa con preocupación esta crisis, consciente de que un conflicto prolongado entre Afganistán y Pakistán podría desestabilizar toda la región y revertir los frágiles avances logrados en los últimos años.
