Cuba responsabiliza a Estados Unidos por la grave crisis energética en la isla
El Gobierno de Cuba ha acusado este sábado a Estados Unidos de intentar "confundir y mentir" sobre las causas de la profunda crisis energética que atraviesa la nación caribeña. Este nuevo episodio de tensión bilateral se produce en medio de apagones generalizados y una escasez crítica de combustible que afecta a la población.
Declaraciones del canciller cubano contra Washington
El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, afirmó que Washington distorsiona la realidad al negar el impacto de las restricciones al suministro de petróleo hacia la isla. "Las afirmaciones del gobierno de EE. UU. en Europa tratan de crear confusión. Mienten desvergonzadamente", escribió en redes sociales, insistiendo en que existe un "bloqueo de suministros de combustible" dirigido contra Cuba.
Estas declaraciones responden directamente a las palabras del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien atribuyó la crisis energética cubana al deterioro de su infraestructura eléctrica. Según Rubio, el desabastecimiento y los apagones obedecen a centrales termoeléctricas obsoletas —muchas construidas en las décadas de 1950 y 1960— y a la falta de mantenimiento adecuado.
Envejecimiento de la infraestructura eléctrica cubana
En efecto, el parque termoeléctrico cubano presenta un marcado envejecimiento. La central más antigua, Mariel, supera las seis décadas de operación, mientras que otras plantas rondan los 50 años. Expertos internacionales sitúan entre 30 y 35 años la vida útil de este tipo de instalaciones, especialmente cuando operan con combustibles pesados y sin mantenimiento óptimo.
Sin embargo, La Habana insiste en que el factor determinante no es tecnológico sino geopolítico. Rodríguez aseguró que, en los últimos años, Estados Unidos ha intensificado las restricciones sobre el suministro energético, incluyendo medidas regulatorias y sanciones que afectan a terceros países y empresas que comercian con Cuba.
Acciones estadounidenses y contexto regional
De acuerdo con el canciller, una orden ejecutiva del 29 de enero y regulaciones posteriores del Departamento del Tesoro constituyen pruebas de un "bloqueo brutal" orientado a cortar el flujo de combustible hacia la isla. Estas acciones —dijo— incluyen amenazas contra buques tanqueros y compañías extranjeras, lo que calificó como una "agresión asimétrica".
El contexto refuerza la complejidad del escenario. Tras la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, a comienzos de enero, Washington endureció las restricciones que afectan el envío de crudo desde Venezuela, históricamente uno de los principales proveedores de Cuba. Este corte en el suministro ha tenido efectos inmediatos, con apagones recurrentes, paralización parcial del sector estatal y afectaciones en servicios esenciales como hospitales, transporte público y actividad industrial.
Posición de Estados Unidos y impactos macroeconómicos
En paralelo, Estados Unidos ha defendido su posición señalando que el problema estructural radica en el modelo económico cubano y en la falta de inversión en infraestructura. Rubio incluso sugirió recientemente que la coyuntura actual podría abrir la puerta a cambios políticos en la isla, al considerar que el sistema vigente limita su desarrollo económico.
El trasfondo energético también ha generado impactos macroeconómicos significativos. La escasez de combustible ha agravado la contracción económica, la inflación y la reducción de la actividad productiva, en un país que ya venía arrastrando debilidades estructurales y una alta dependencia de importaciones energéticas.
Diálogo bilateral y perspectivas futuras
Además, la Organización de las Naciones Unidas ha señalado que las restricciones al suministro de combustible pueden ser contrarias al derecho internacional, en medio de crecientes alertas sobre el impacto humanitario de la crisis. Pese al endurecimiento del discurso, ambos países han mantenido contactos recientes. El propio Gobierno cubano reconoció el pasado 13 de marzo la existencia de un diálogo con Washington, en un escenario donde EE. UU. ha condicionado eventuales acuerdos a reformas económicas en la isla.
Así, la crisis energética cubana se consolida como un punto crítico de la agenda bilateral, donde confluyen factores estructurales internos y presiones externas. Mientras La Habana insiste en responsabilizar al bloqueo petrolero, Washington apunta a fallas sistémicas del modelo económico, en una disputa narrativa que refleja el trasfondo político de una de las peores crisis energéticas que enfrenta Cuba en décadas.



