Informe del Senado de EE.UU. revela alto costo y falta de control en deportaciones de Trump
Deportaciones de Trump: gasto millonario y escaso control según informe

Informe del Senado expone alto costo y falta de transparencia en deportaciones de Trump

Las deportaciones de migrantes a terceros países implementadas durante la administración de Donald Trump han generado un gasto millonario para Estados Unidos, con serias deficiencias en el control de los fondos y presiones diplomáticas cuestionables. Esta es la principal conclusión de un informe de 30 páginas presentado por el comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense, liderado por la bancada demócrata.

Gasto desproporcionado y transferencias directas

El documento revela que el gobierno estadounidense ha destinado aproximadamente 40 millones de dólares para deportar a solo 300 migrantes hacia países que no son sus naciones de origen. De esta cifra, al menos 32,3 millones de dólares se entregaron directamente a gobiernos extranjeros como "incentivo" para aceptar migrantes deportados desde Estados Unidos.

Los principales países receptores y los montos recibidos son:

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  • Guinea Ecuatorial: 7,5 millones de dólares
  • Ruanda: 7,5 millones de dólares
  • Palau: 7,5 millones de dólares
  • Esuatini: 5,1 millones de dólares
  • El Salvador: 4,76 millones de dólares

El resto de los fondos se utilizó en vuelos de traslado (7,2 millones de dólares) y alojamiento en una base militar en Yibuti (307.000 dólares). Los senadores advierten que el costo real podría ser significativamente mayor, ya que no incluye gastos adicionales como horas de espera de aviones, reabastecimiento de combustible, hoteles y repatriaciones posteriores.

Deportaciones innecesarias y doble gasto

El informe cuestiona la necesidad misma de muchas de estas deportaciones. Aunque el Departamento de Seguridad Nacional argumenta que son necesarias porque los países de origen "se niegan" a recibir a sus ciudadanos, la comisión senatorial encontró que esta afirmación "no se sostiene con la evidencia disponible".

"Muchos podrían haber sido devueltos directamente a su país de origen si la Administración hubiera seguido los procedimientos habituales de expulsión", señala el documento. De hecho, más del 80% de las personas deportadas a un tercer país ya regresaron o están en proceso de regresar a su nación de origen.

Un caso emblemático citado en el informe es el de un ciudadano jamaiquino deportado a Esuatini en un viaje que costó 181.000 dólares, solo para ser repatriado semanas después a Jamaica en otro vuelo financiado por el gobierno estadounidense. Esta situación ha generado un doble gasto para los contribuyentes: primero para trasladar migrantes a terceros países y luego para repatriarlos finalmente.

Ausencia de supervisión y posibles abusos

Uno de los hallazgos más preocupantes del informe es la casi total ausencia de supervisión sobre el uso adecuado de los fondos transferidos a gobiernos extranjeros. Los senadores advierten que "no hay pruebas de que el Departamento de Estado esté monitoreando cómo se utilizan los fondos, siguiendo el trato a los deportados o haciendo cumplir los términos de los acuerdos".

La naturaleza de las transferencias directas hace prácticamente imposible rastrear si los fondos podrían estar facilitando abusos, corrupción o detenciones arbitrarias. Además, muchos de los memorandos de entendimiento incluyen compromisos genéricos de respeto a los derechos humanos, pero no existe un sistema claro para verificar su cumplimiento en la práctica.

En procedimientos judiciales citados en el informe, incluso abogados del propio gobierno estadounidense admitieron que Estados Unidos "no tiene la capacidad de decirle" a un tercer país qué hacer con las personas una vez llegan a su territorio.

Estrategia de intimidación y presión diplomática

Los senadores demócratas concluyen que esta política no responde a una imposibilidad real de repatriación, sino a una estrategia de coerción hacia los migrantes. El informe recoge declaraciones de funcionarios que describen el sistema como un "costoso mecanismo de intimidación" destinado a desalentar solicitudes de asilo e incluso promover la autodeportación.

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Además, el documento advierte que "la Administración no está siendo transparente con el Congreso" ni con la ciudadanía "sobre el alcance de las negociaciones", en las que podrían estarse ofreciendo concesiones adicionales, presiones comerciales como aranceles o compromisos paralelos para asegurar la cooperación de los países receptores.

El informe finaliza con una dura crítica: "El sistema creciente de deportaciones a terceros países es costoso, derrochador y cada vez más alejado de los principios de transparencia y responsabilidad que deberían regir la diplomacia estadounidense". Los senadores concluyen que estas operaciones se han convertido en medidas caras e ineficientes que financian gobiernos con cuestionables estándares democráticos sin supervisión adecuada.