Análisis Exclusivo: La escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán que marca un punto de inflexión global
El 28 de febrero de 2026 quedará registrado en la historia como uno de esos días en que la geopolítica mundial entró en una fase de peligrosidad extrema. Los gobiernos de Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar coordinada de gran magnitud contra el régimen iraní, denominada Operation Epic Fury por Washington y Lion's Roar por Tel Aviv.
Una operación sin precedentes
Los líderes de ambas potencias, el presidente Trump y el primer ministro Netanyahu, insisten en que se trata de operaciones necesarias para neutralizar amenazas consideradas "inminentes", incluyendo peligros vinculados al programa nuclear iraní, su sistema de misiles balísticos y, el objetivo más ambicioso: crear las condiciones para un "cambio de régimen".
Las consecuencias de esta decisión no pueden subestimarse: ambos mandatarios ponen en juego un capital político considerable en un contexto electoral delicado, con elecciones parlamentarias en Israel programadas para octubre y elecciones legislativas de medio periodo en Estados Unidos en noviembre.
¿Por qué esta vez es diferente y más grave?
Es erróneo comparar este momento con crisis anteriores como los ataques de junio de 2025. Lo que estamos presenciando ahora es una decisión deliberada de dos países —Estados Unidos e Israel— de atacar de manera conjunta y coordinada a otro Estado soberano (Irán) y de asesinar a su máximo líder religioso, Alí Jamenei, junto con otros altos funcionarios, con el objetivo declarado de propiciar un "cambio de régimen".
Irán respondió casi de inmediato atacando Israel y varios países de la región donde hay bases militares estadounidenses, aunque de momento ocasionando daños limitados. Sin embargo, la muerte de Jamenei representa un hecho de enorme trascendencia estratégica que abre una fase de máxima incertidumbre.
La perspectiva del derecho internacional y la reacción global
La reacción internacional ha sido mixta, pero en muchos casos crítica tanto de la ofensiva como de la dinámica escalatoria. Potencias como Rusia han condenado los ataques y han acusado a Estados Unidos e Israel de agresión premeditada, mientras que países europeos han insistido en la necesidad de desescalar y retomar el diálogo antes de que la crisis se salga de control.
China ha llamado al cese inmediato de las hostilidades y ha advertido sobre el riesgo de una escalada aún mayor. Los países latinoamericanos se pronunciaron de manera diversa, reflejando las divisiones en la comunidad internacional.
Desde la óptica legal, los ataques constituyen una clara violación del derecho internacional y de la carta de la ONU. Trump tampoco solicitó una autorización formal al Congreso estadounidense, lo que abre un serio debate tanto al interior de Estados Unidos —sobre el papel del Congreso— como a nivel internacional, en el ámbito del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Las grandes interrogantes que vienen ahora
La desaparición de Jamenei plantea numerosas interrogantes estratégicas:
- ¿Qué tipo de transición enfrenta Irán? ¿Está ante una sucesión administrada desde el interior del propio sistema teocrático o frente al comienzo de una crisis capaz de alterar los equilibrios de poder que han sostenido a la República Islámica durante décadas?
- ¿Cómo será la sucesión? ¿Se impondrá un perfil continuista, alineado con la línea dura y comprometido con la lógica de confrontación externa y represión interna? ¿O podría emerger una figura de mayor pragmatismo, dispuesta a explorar entendimientos con Estados Unidos e Israel?
- ¿Qué papel jugará la Guardia Revolucionaria? Será determinante observar la relación entre el eventual sucesor y este verdadero poder fáctico del régimen, así como su capacidad para mantener cohesionadas a las bases sociales que aún sostienen al sistema.
- ¿Hasta qué punto quedará debilitado el régimen? Tras la pérdida simultánea de su líder máximo y de otras altas autoridades, ¿se reforzará la lógica de fortalecimiento de la unidad como mecanismo de supervivencia, o se abrirán fisuras entre facciones?
- ¿Qué capacidad tiene la oposición? Tanto interna como en el exilio, ¿dispone del nivel de unidad, organización territorial y liderazgo necesario para capitalizar este momento y forzar un verdadero cambio de régimen?
Interrogantes en el plano interno estadounidense
Las preguntas son igualmente trascendentes dentro de Estados Unidos:
- ¿Qué papel desempeñará el Congreso ante una operación que, en los hechos, equivale a una guerra sostenida?
- ¿Están la opinión pública y, en particular, la base electoral de MAGA preparadas para respaldar una nueva acción militar de gran envergadura?
- ¿Está dispuesto Trump a asumir el costo político y estratégico de un eventual despliegue de tropas sobre el terreno?
La experiencia histórica reciente —Irak, Afganistán y Libia— demuestra que los cambios de régimen rara vez se logran exclusivamente mediante ataques aéreos o la eliminación selectiva de liderazgos. La fase inicial puede desarticular estructuras de mando, pero la consolidación de un nuevo orden político requiere condiciones internas favorables, actores alternativos creíbles y, a menudo, una presencia sostenida para evitar el vacío de poder.
Escenarios posibles y conclusiones
El escenario permanece abierto y extraordinariamente fluido. El desenlace dependerá en buena medida de tres variables críticas:
- La cohesión interna del régimen frente al shock inicial
- La capacidad represiva y de control territorial de su aparato de seguridad
- El grado de movilización popular capaz de capitalizar el momento para forzar un cambio político
Si el régimen logra cerrar filas y contener la disidencia, la operación podría derivar en una escalada regional sin transformación interna significativa. Si, por el contrario, emergen fracturas en la élite gobernante y se activa una oposición organizada con capacidad de articulación, el equilibrio podría inclinarse hacia una transición.
En síntesis: Estamos ante una guerra de elección y de naturaleza preventiva, una combinación que la convierte en particularmente inquietante por el precedente que establece para el orden internacional. Estamos en el inicio del inicio de un largo y complejo proceso en el que el margen de error es mínimo, los costos potenciales son considerablemente altos, y los niveles de incertidumbre mayúsculos.



