Irán ante la encrucijada: tres caminos posibles tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel
La posibilidad de una caída del régimen de los ayatolás en Irán, que durante décadas parecía impensable para gran parte de la comunidad internacional, ha reaparecido con fuerza en la agenda global tras el fracaso de las negociaciones nucleares y los recientes bombardeos de Estados Unidos e Israel. Esta ofensiva militar introduce un factor externo de presión directa sobre Teherán y plantea una pregunta crucial: ¿puede el sistema político iraní resistir un choque simultáneo interno y externo?
Las recurrentes protestas desde 2019, la rebelión social desatada tras la muerte de Mahsa Amini en 2022, la crisis económica, el desgaste del liderazgo religioso y el impacto de las tensiones regionales ya habían erosionado significativamente la legitimidad del régimen. Ahora, con instalaciones estratégicas bajo ataque y la amenaza de una escalada mayor, el escenario adquiere dimensiones completamente nuevas.
Un sistema bajo presión extrema
Desde 1979, cuando cayó la monarquía, Irán se organiza como una teocracia donde el poder reside en el líder supremo, actualmente el ayatolá Alí Jamenei, quien gobierna desde 1989. Aunque existen instituciones que podrían dar la impresión de una república —presidente, parlamento, elecciones—, estas están subordinadas a órganos religiosos como el Consejo de Guardianes y la Asamblea de Expertos.
La economía iraní ya venía golpeada por el impacto de las sanciones internacionales, la inflación persistente, el desempleo juvenil y la corrupción estructural. La actual confrontación militar añade un nuevo factor de presión: mayor aislamiento, incertidumbre financiera y riesgo de deterioro en sectores estratégicos. A esto se suma una profunda brecha generacional: más del 60 por ciento de la población nació después de la revolución islámica y no se identifica con los valores que dieron origen al sistema actual.
Primer escenario: intervención extranjera y sus consecuencias
Irán es un actor geopolítico central en Medio Oriente, no solo por su posición estratégica y su peso demográfico —más de 95 millones de personas—, sino también por su papel como eje de una red de alianzas que abarca desde milicias chiitas hasta Estados y actores no estatales. Por ello, cualquier alteración profunda del régimen tendría impactos inmediatos más allá de sus fronteras.
La decisión del presidente Donald Trump de pasar de las advertencias a la acción militar marca un punto de inflexión. Para varios analistas, Estados Unidos e Israel ven en la crisis del régimen una oportunidad para debilitar el llamado "Eje de la Resistencia" y erosionar la influencia iraní sobre actores como Hezbolá en Líbano, Hamás en Gaza y los hutíes en Yemen.
Sin embargo, una ofensiva prolongada también podría reforzar esos vínculos bajo la narrativa de confrontación externa. Rusia y China, aunque han tomado cierta distancia táctica de Teherán en los últimos años, buscarían proteger sus inversiones y vínculos estratégicos, evitando que un eventual vacío de poder amplíe la influencia occidental en la región.
Segundo escenario: fragmentación y rebelión interna
La experiencia de 1979 no solo explica cómo cayó la monarquía, sino que ofrece pistas sobre los riesgos y dinámicas que podrían activarse en el actual contexto de confrontación externa. Tras los bombardeos, el precedente histórico adquiere una nueva dimensión: las crisis internas pueden acelerarse cuando se combinan con presión militar desde el exterior.
Al igual que entonces, el régimen enfrenta una grave crisis económica, pérdida de legitimidad, represión política y un profundo descontento entre amplios sectores de la sociedad. La diferencia es que hoy esas tensiones coinciden con una escalada militar que podría, según el desenlace, reforzar la cohesión interna bajo una lógica defensiva o, por el contrario, profundizar fracturas dentro de la élite gobernante.
La gran mayoría de opositores están en el exilio, otros han sido encarcelados o silenciados, y muchos más cuentan con poco respaldo popular. A esto se suma que los movimientos sociales carecen de una dirección política centralizada, como ocurre con el movimiento 'Mujer, Vida y Libertad', que aglutina a grupos pequeños y diversos.
Tercer escenario: el dilema político entre monarquía y república
Uno de los debates más visibles en la oposición iraní es el retorno de la monarquía, representada simbólicamente por Reza Pahlavi, hijo del último sha. Para algunos sectores, especialmente en el exilio, la monarquía constitucional podría ofrecer una figura unificadora y una ruptura definitiva con el régimen islámico.
Sin embargo, dentro de Irán, el apoyo a una restauración monárquica es limitado y controvertido. La memoria del autoritarismo del sha, la represión de la policía secreta y la desigualdad social previa a la revolución sigue pesando en el recuerdo de los más viejos.
La alternativa más mencionada entre los iraníes en el exilio es una república laica, con separación entre religión y Estado, elecciones libres y garantías de derechos civiles. El problema es que esta opción carece, por ahora, de una estructura política capaz de materializarla rápidamente.
Un futuro incierto para la teocracia iraní
Los bombardeos contra el régimen de Alí Jamenei han reabierto la incertidumbre en Irán y amenazan con poner fin a casi cinco décadas de teocracia. El sistema político iraní se enfrenta ahora a una prueba sin precedentes, donde factores internos y externos se combinan para crear un escenario de alta volatilidad.
Como señala Ignacio Álvarez-Ossorio, catedrático de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Complutense de Madrid: "Si algo nos enseñó la caída de Saddam Hussein en 2003 es que no se pueden sustituir de la noche a la mañana las estructuras de poder sin condenar al país al caos y a la violencia".
El futuro de Irán dependerá en gran medida de cómo evolucionen estos tres escenarios —intervención extranjera, fragmentación interna y transformación política— y de la capacidad del régimen para mantener la cohesión en medio de presiones crecientes. Lo que está claro es que, tras los bombardeos, la estabilidad del sistema teocrático iraní ya no puede darse por sentada.
