Pakistán declara guerra abierta a Afganistán tras ruptura del pacto de Catar
Luego de cinco años de creciente tensión militar entre Pakistán y Afganistán, que comenzó con el ascenso al poder de los talibanes en Kabul y el apoyo inicial de Islamabad, ambos países han declarado oficialmente una guerra abierta. Este conflicto marca un punto de inflexión en las relaciones entre dos naciones consideradas históricamente hermanas, pero ahora enfrentadas en un enfrentamiento directo que amenaza con desestabilizar toda la región.
Fin del acuerdo de seguridad y escalada militar
La declaración de guerra pone fin definitivamente al pacto de seguridad firmado en octubre del año pasado en Doha, Catar, que buscaba establecer una tregua entre ambos países. Según este acuerdo fallido, Afganistán se comprometía a neutralizar a los grupos insurgentes que operan desde su territorio, mientras que Pakistán debía detener sus bombardeos en la frontera. Sin embargo, ninguna de las dos partes cumplió completamente con sus compromisos, lo que llevó a una ruptura total de las negociaciones diplomáticas.
La situación se agravó cuando Pakistán, frustrado por el aumento del 70% en la violencia insurgente en su territorio desde 2021 y la negativa de los talibanes afganos a enfrentar a sus aliados ideológicos del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), decidió tomar acciones militares directas. La inteligencia pakistaní identificó campamentos clave del TTP dentro de territorio afgano y lanzó una serie de ataques aéreos que cruzaron la línea roja de la soberanía afgana.
Contraataque talibán con arsenal estadounidense
El gobierno talibán, que se autodenomina Emirato Islámico de Afganistán, respondió con un contraataque armado sin precedentes contra instalaciones militeres pakistaníes en la frontera. En una desviación significativa de sus tácticas tradicionales de guerrilla, las fuerzas talibanes desplegaron comandos de élite equipados con visores nocturnos y armamento pesado abandonado por la coalición internacional liderada por Estados Unidos en 2021.
Este asalto permitió a los combatientes afganos desbordar las defensas pakistaníes mediante ataques quirúrgicos precisos, lo que a su vez provocó una respuesta aérea masiva de Islamabad sobre Kabul. La posesión por parte de Pakistán de armas nucleares y el control por parte de los talibanes del arsenal militar estadounidense abandonado transforma esta disputa fronteriza en un polvorín regional de consecuencias impredecibles.
Crisis humanitaria y disputa fronteriza histórica
La tensión militar se ha visto agravada por una crisis humanitaria paralela. Pakistán ha acelerado la expulsión forzosa de más de un millón de refugiados afganos que habían encontrado asilo en su territorio tras décadas de conflictos que comenzaron con la invasión soviética de Afganistán a finales de los años 70. Esta maniobra de castigo demográfico ha tenido el efecto contrario al esperado, encendiendo un feroz fervor nacionalista entre la población afgana.
Los combatientes de Kabul han transformado su histórico rechazo a la Línea Durand -la frontera impuesta por el Imperio Británico en 1893- en un frente activo del conflicto. Utilizando maquinaria pesada, han comenzado a demoler el costoso vallado de seguridad construido por Pakistán, convirtiendo la zona fronteriza en una trinchera que arrastra a toda la región hacia una espiral de violencia cada vez más intensa.
La negativa de Afganistán a neutralizar los santuarios insurgentes que operan contra Pakistán, y la correspondiente negativa histórica de Islamabad a actuar contra los talibanes cuando estaban refugiados en territorio pakistaní, han creado un círculo vicioso de desconfianza y violencia que ahora ha estallado en un conflicto abierto con implicaciones regionales y globales significativas.
