El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó el martes que su país "no tiene amigos más cercanos que los británicos", al recibir al rey Carlos III en la Casa Blanca, en momentos de tensión bilateral por la guerra en Oriente Medio.
En su discurso de bienvenida, que incluyó una salva de 21 cañonazos, el tono de Trump distó mucho de las recientes críticas dirigidas al gobierno británico por no haberse sumado al conflicto con Irán.
Un discurso de reconciliación
"En los siglos transcurridos desde que conquistamos nuestra independencia, los estadounidenses no hemos tenido amigos más cercanos que los británicos", dijo el mandatario estadounidense en esta visita que marca el 250º aniversario de la liberación de las colonias estadounidenses del dominio británico.
Trump recurrió a la famosa frase del ex primer ministro británico Winston Churchill, quien en una ocasión había dicho que ambos países tenían una "relación especial". "Esperemos que siempre siga siendo así", agregó.
El presidente republicano elogió al ejército británico: "Nadie ha luchado mejor junto a Estados Unidos", dijo, a pesar de haberse burlado recientemente de los portaviones de Londres, a los que calificó de "juguetes".
Bromas, honores militares y reunión privada
Trump, de 79 años, admirador declarado de la realeza británica, bromeó sobre la mañana lluviosa en Washington: "Qué hermoso día tan británico hace hoy". Y recordó a su invitado el amor que le profesaba su difunta madre, la reina Isabel II.
Los cañones resonaron mientras una banda militar interpretaba "God Save the King", el himno nacional británico, y "The Star-Spangled Banner", el himno de Estados Unidos.
Carlos estrechó la mano a altos cargos del gobierno de Trump, entre ellos el vicepresidente, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio.
El rey y el presidente, quien realizó una visita de Estado a Reino Unido en septiembre pasado, pasaron revista a tropas de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.
A continuación, desfiló una banda de soldados vestidos con uniformes de la Guerra de la Independencia, con el ruido de fondo de las obras de construcción del salón de baile de 400 millones de dólares ideado por Trump para la Casa Blanca.
Más adelante, Trump mantuvo conversaciones con Carlos en el Despacho Oval. Pero la reunión se celebró a puerta cerrada, una medida inusual para el habitualmente locuaz presidente de Estados Unidos, algo que refleja la sensibilidad de la visita.
"Fue una reunión realmente buena. Es una persona fantástica. Son personas increíbles y es un verdadero honor", dijo Trump a los periodistas después. Por la noche, la pareja real regresará a la Casa Blanca para una gran cena de Estado.
Seguridad estricta
La seguridad ha sido estricta durante el viaje, que ocurre solo unos días después de un presunto intento de asesinato contra Trump en una gala en Washington. Se podía ver a equipos de francotiradores de contraataque en el tejado de la Casa Blanca.
Cuando le preguntaron cómo se encontraba tras el tiroteo, Melania Trump dijo a los periodistas que estaba "muy bien".
El primer día del viaje incluyó una bienvenida más informal: los Trump invitaron a Carlos y Camila a té con pasteles antes de mostrarles las colmenas de la Casa Blanca.
Pero el segundo día ofrecerá el momento más público de Carlos, cuando se convierta en el primer monarca británico en dirigirse al Congreso desde que lo hiciera su madre, la difunta reina Isabel, en 1991.
Carlos III tiene previsto hacer un llamamiento a "la reconciliación y la renovación" de las deterioradas relaciones bilaterales.
En su alocución de 20 minutos se espera que el monarca de 77 años se dirija a Trump en términos cautelosos, afirmando que defender los ideales democráticos comunes es "crucial para la libertad y la igualdad".
"Una y otra vez, nuestros dos países siempre han encontrado la manera de unirse", dirá, según extractos difundidos a la prensa.
El rey Carlos llegó a Washington bajo presión para reconocer a las supervivientes del depredador sexual Jeffrey Epstein durante la visita, luego de que su hermano Andrés se viera obligado a renunciar a su título de príncipe a causa del escándalo.



