Virtudes de la hipocresía en el orden internacional liberal
Virtudes de la hipocresía en el orden internacional

Muchos lo llaman hipocresía: se predican principios que no se cumplen en la práctica. Este parece ser el problema central del conocido "orden internacional liberal", que supuestamente habían liderado Estados Unidos y Europa, y que hoy se encuentra hecho pedazos.

¿Para qué seguir con la doblez?

¿Vale fingir sobre las soberanías estatales y sus reclamos de igualdad en el mundo? ¿Por qué no aceptar la realidad del poder y dejar que un puñado de naciones manejen a su antojo sus respectivas esferas de influencia? Estas son algunas de las preguntas que surgen ante el panorama sombrío de nuestros tiempos, que nos remite al advenimiento de la Segunda Guerra Mundial.

Dos ensayos recientes de dos historiadores, Margaret MacMillan y Mark Mazower, sirven para apreciar lo que está en juego. MacMillan, profesora emérita de Oxford, examina las razones por las que "todavía necesitamos el derecho internacional". "No podemos dejarlo morir", nos dice en su lúcido ensayo en el Financial Times (14/3/2026). Parecen súplicas, reflejos de las ansiedades que rodean al derecho internacional.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

La historia del derecho internacional

En muchos aspectos siempre ha sido así. Desde sus orígenes, la propia existencia del derecho internacional ha sido cuestionada por la falta de un juez con poder para imponer sus normas. Lo preocupante ahora, observa MacMillan, es "la disposición de los poderosos a prescindir incluso de los intentos más superficiales de dar un barniz legal a sus acciones". Quien tiene poder lo ejerce, a la fuerza, sin barreras jurídicas ni morales. Es la regla de quienes desprecian el derecho internacional. ¿Debemos abandonar, se pregunta, las esperanzas de una sociedad internacional gobernada por leyes?

En el día a día, señala MacMillan, el mundo opera sobre una "gruesa red" de arreglos internacionales, acordados a lo largo del tiempo, sin los cuales sería imposible la convivencia humana. El derecho internacional existe "para prevenir la guerra y los crímenes contra la humanidad". Sirve, además, para que las naciones "poderosas se defiendan de sí mismas y de las locuras de sus líderes".

Las lecciones de la historia

Olvidamos las lecciones de la historia a nuestro propio costo, advierte MacMillan, al recordarnos las tragedias de ese "mundo sin ley" que desembocó en la Segunda Guerra. De sus cenizas surgieron las Naciones Unidas, el tema del ensayo de Mazower (Financial Times, 14/2/2026). Profesor de Columbia, Mazower defiende allí la necesidad de las Naciones Unidas, la institución paradigmática del multilateralismo en crisis.

Mazower reconoce que los intentos de crear un orden internacional basado en ciertos valores liberales nunca excluyeron la noción de las "esferas de influencia", donde los países más poderosos ejercían dominio. La estructura desigual del Consejo de Seguridad de la ONU lo prueba. Importa, sin embargo, distinguir. Mazower nos remite al jurista ideólogo de la Alemania de Hitler, Carl Schmitt, quien propuso dividir el mundo entre unos pocos países poderosos. Pero según Mazower, la noción del "realismo brutal" impuesta por los nazis se diferenciaba enormemente de la idea de "esferas de influencia" que pudo haber inspirado la famosa doctrina Monroe.

No es una simple sutileza

Sin apreciarla, como sugiere Mazower, no podríamos entender la gran distancia entre la "realpolitik" de Trump y el "orden internacional liberal". Las prácticas hipócritas de "liberalismo internacional" estuvieron siempre amarradas por sus valores aspiracionales. Y con resultados, muchos positivos y de gran significado —como los procesos descolonizadores de la posguerra—. Antes de abandonarlo por sus manifestaciones hipócritas, habría que reimaginar al "orden internacional liberal".

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar