La redistribución de tierras como eje fundamental para la construcción de paz en Colombia
En el marco de la II Conferencia Internacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural (ICARRD+20) que se desarrolla en Cartagena de Indias, un stand denominado 'Pásate' capta la atención de las delegaciones internacionales al exhibir productos elaborados por personas que abandonaron la guerra para abrazar la paz. Esta muestra comercial representa el testimonio tangible de 2.600 familias que cambiaron el fusil por el arado, cultivando café, cacao y elaborando artesanías como parte de su proceso de reincorporación.
Un salto histórico en la adjudicación de tierras
Según datos revelados por la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), la entrega de tierras para excombatientes ha experimentado una transformación radical durante el actual periodo de gobierno. Mientras administraciones anteriores apenas habían adjudicado 800 hectáreas, hoy se registra un acumulado de 19.000 hectáreas entregadas a firmantes del Acuerdo de Paz.
Alejandra Miller, directora de la ARN, explica en diálogo con medios nacionales que esta política responde a una ecuación simple pero profundamente significativa: "quien tiene tierra para cultivar alimentos no tiene espacio para pensar en regresar a las armas". Este concepto, denominado 'arraigo a la vida civil', constituye hoy el corazón de la política de reincorporación económica implementada por el Estado colombiano.
Los desafíos persistentes en territorios históricamente conflictivos
Pese a los avances significativos, el camino hacia la consolidación de la paz enfrenta obstáculos considerables en regiones donde la violencia persiste. El último año ha sido particularmente crítico para los firmantes en zonas como el Catatumbo, donde la presión de grupos armados ilegales vinculados al narcotráfico obligó al desplazamiento masivo de excombatientes desde el antiguo ETCR de Caño Indio.
La respuesta estatal incluyó una reubicación de emergencia con 1.400 hectáreas asignadas en zonas seguras para garantizar la continuidad del proceso. Sin embargo, la sombra de la violencia continúa extendiéndose sobre regiones como Cauca, Nariño, Putumayo, Chocó, Sur de Bolívar, La Guajira y el mismo Catatumbo.
"En Bogotá es muy fácil hablar de guerra, pero cuando tienes que esconder a tus hijos bajo la cama porque hay bombardeos, la cosa es a otro precio", sostiene Miller, quien añade: "el crecimiento de los grupos armados en el pasado reciente fue el resultado directo de no haber llegado a tiempo con la Reforma Agraria y la sustitución de cultivos".
Los tres pilares fundamentales para la sostenibilidad del proceso
Con la mirada puesta en el futuro, la directora de la ARN identifica tres elementos centrales para garantizar la sostenibilidad del proceso de paz y evitar que Colombia sume más nombres a sus 10 millones de víctimas:
- Persistir en la Paz Total: Mantener el diálogo incluso con las estructuras más complejas que combinan elementos políticos y criminales.
- Implementar el Punto 1 del Acuerdo: La Reforma Rural Integral no representa un favor sino un compromiso de Estado que debe cumplirse integralmente.
- Promover Reformas Sociales: Avanzar más allá del acuerdo para atacar las causas estructurales de la exclusión que alimentan el conflicto.
La dimensión geopolítica del narcotráfico
Miller también destaca una desventaja geopolítica fundamental: "mientras el mundo sea un demandante voraz de cocaína, Colombia seguirá poniendo los muertos". En este contexto, la 'legalización' o regulación internacional emerge en el debate como la única vía definitiva para asfixiar el financiamiento que sustenta los conflictos armados.
"Si no derrotamos militarmente a la guerrilla más grande del continente, no podemos creer que la política de tierra arrasada va a funcionar ahora", concluye la funcionaria, enfatizando que la apuesta estratégica debe centrarse en el campo: convertir a Colombia en una potencia de alimentos donde el campesinado históricamente excluido sea, finalmente, dueño de su destino.
Actualmente, según datos de la ARN, de los 11.000 firmantes que se mantienen fieles al proceso (representando el 87% de quienes dejaron las armas), más de 2.600 ya cuentan con títulos de propiedad en el marco de la Reforma Agraria. Miller resume la filosofía que guía este esfuerzo: "La concentración de la tierra ha estado en el centro de la guerra y su redistribución tiene que estar en el centro de la paz. El arraigo lo da justamente la tierra. La gente que tiene qué producir no vuelve al monte".



