Durante años, Deisy Tatiana Quevedo creyó que su vida solo podía transcurrir entre el reciclaje, las calles y las cárceles. Hoy, a sus 30 años, pasa las mañanas aprendiendo sobre construcción sostenible, mezclando materiales ecológicos y soñando con algo que antes parecía imposible: tener una casa y una vida tranquila junto a su mamá.
“Yo nunca me imaginé tener un hogar y hacer otras cosas”, dice esta mujer trigueña, mientras acomoda bloques elaborados con materiales reutilizables en uno de los talleres de Casa Libertad, el programa del Distrito dirigido a personas pospenadas que buscan rehacer su vida lejos del delito.
Un nuevo comienzo en la construcción sostenible
Deisy es una de las 22 personas que se certificaron en Construcción Sostenible gracias a una articulación entre Casa Libertad y el Sena. Durante 40 horas aprendió a fabricar materiales amigables con el medio ambiente y descubrió un oficio que hoy quiere convertir en una oportunidad laboral.
Pero llegar hasta aquí no fue sencillo.
“Fui habitante de calle por tonta”
Deisy recuerda que comenzó a consumir sustancias siendo apenas una adolescente. Aunque su mamá intentaba darle estabilidad, las amistades y el entorno terminaron llevándola a vivir en calle cuando tenía 18 años.
“Fui habitante de calle por tonta”, cuenta sin rodeos.
Desde entonces pasó cerca de una década sobreviviendo entre pagadiarios, reciclaje y zonas peligrosas de Bogotá y Medellín. Dormía donde podía, pedía comida y convivía con constantes episodios de violencia.
“Recibí puñaladas, pasé hambre y viví muchas cosas feas”, recuerda.
Fue en ese contexto donde también terminó vinculándose a hurtos. Según cuenta, la pareja que tenía en ese momento robaba constantemente y ella terminó involucrándose en esos delitos.
Tiempo después fue capturada por hurto calificado y agravado.
La cárcel como otro punto de quiebre
Deisy pagó cerca de dos años de prisión en Medellín. Ella misma pidió ser trasladada a esa ciudad porque creía que allí tendría más posibilidades de acceder a beneficios y recuperar la libertad más rápido.
Sin embargo, al salir seguía enfrentándose al mismo problema: no sabía cómo vivir fuera de la calle.
“Yo no conocía otra vida distinta”, admite.
Todo comenzó a cambiar cuando una persona que también había estado privada de la libertad le habló de Casa Libertad, una estrategia de la Secretaría de Seguridad que busca apoyar procesos de reintegración social para personas pospenadas y posegresadas.
Desde que llegó al programa, Deisy terminó el bachillerato, accedió a talleres, apoyo psicosocial y cursos de formación laboral. Incluso ya trabajó como encuadernadora y ahora espera abrirse camino en el sector de la construcción.
“Me gusta esta vida. Antes me preocupaba por qué comer o dónde dormir. Ahora sueño con más posibilidades”, dice.
Segundas oportunidades
La historia de Deisy hace parte de la estrategia Restaura VIDAS, impulsada por el Distrito para fortalecer procesos de reintegración social y reducir la reincidencia delictiva.
Además de cursos y capacitaciones, Casa Libertad ofrece acompañamiento psicológico, orientación jurídica, fortalecimiento de hojas de vida y rutas de emprendimiento para personas que buscan alejarse definitivamente del delito.
El programa está dirigido a personas que ya cumplieron condenas o que actualmente tienen medidas de prisión domiciliaria y quieren reconstruir sus proyectos de vida lejos de las calles y la criminalidad.
Hoy, mientras mezcla cemento ecológico y aprende nuevos oficios, Deisy asegura que lo único que quiere es mantenerse lejos de la vida que tuvo durante tantos años.
“Ahora sueño con conseguir una casa para mí y para mi mamá”, dice.



