En los pasillos de la sede Bogotá de la Universidad Nacional de Colombia, donde antes el debate se nutría de ideas y libros, hoy se respira el roce frío de la seguridad y el silencio del miedo. Un profesor, un académico cuya única preocupación debería ser la enseñanza, recorre el campus con un peso adicional sobre el pecho: un chaleco antibalas.
En conversación con EL TIEMPO, el docente Diego Alejandro Torres Galindo desgranó la crisis de seguridad jurídica y física que se ha tomado la principal universidad del país. Para quien desconozca el panorama de amenazas contra los directivos de la Unal, podría parecer un hecho aislado, pero la realidad es mucho más oscura.
Torres Galindo se ha convertido en uno de los profesores más amenazados de la institución tras manifestar su desacuerdo con las iniciativas de la administración que el Gobierno Nacional.
Aunque ejerce la docencia en la Universidad Nacional desde 2012, su vida cambió drásticamente el 24 de marzo de 2024. Después de que el Consejo Superior Universitario (CSU), del cual era miembro en ese momento, designó a Ismael Peña como rector, desatando una tormenta de hostigamientos en su contra.
Desde entonces, el profesor del Departamento de Física ha sido blanco de constantes intimidaciones. En julio de 2025, por ejemplo, denunció el hallazgo de carteles y panfletos con la consigna "fuera Torres" dentro del campus. Hoy, durante más de dos años de asedio, el conflicto se concentra en la llamada Constituyente Universitaria (Mecún), que él define como "algo abiertamente ilegal dentro de la Universidad Nacional".
Para el académico, la Mecún no representa un avance democrático, sino un intento de asalto al presupuesto y una vulneración a la meritocracia institucional. Pese a haber enviado miles de correos y reportes técnicos al CSU, la respuesta ha sido el vacío. Sin embargo, lo más alarmante no es la negligencia administrativa, sino la aparente validación de la fuerza.
Torres relató que un miembro designado por el Gobierno Nacional, al que prefirió conservar su nombre, le sugirió que "la violencia era algo con lo cual en ocasiones se conseguía cosas". "Lo que me dio a entender era que ellos, ese miembro del Consejo Superior, estaba de acuerdo con el uso de la violencia en la confrontación. En mi caso particular", expresó.
Esta atmósfera ha escalado hasta amenazas de muerte que han trascendido los grafitis. "No son palabras fuertes, son amenazas directas. Pues es que después de que uno dice que nos van a matar, ¿qué más puede decir? Todo está dicho", sentenció Torres Galindo.
Actualmente, la vida del profesor del departamento de Física de la Universidad Nacional se rige por una "cautela extrema". Aunque su vocación lo mantiene en las aulas, el riesgo es latente: "No puedo dar clases regulares a mis alumnos. Inclusive es un problema mínimo para ellos llegar a colocarlos en riesgo". En sus palabras palpita el recuerdo del asesinato del profesor Jesús Bejarano a manos de las Farc en pleno campus, un hecho que demuestra que en la 'Nacho' la violencia ya ha cobrado vidas académicas.
La gravedad de su situación llevó a que, en 2024, la Unidad Nacional de Protección (UNP) certificara su nivel de riesgo como "extraordinario", asignándole el chaleco antibalas con el que hoy debe asistir a trabajar.
El profesor reconoce el apoyo de la rectoría actual, que ha ordenado borrar de inmediato las amenazas pintadas en su oficina, un gesto que contrasta con la gestión de Leopoldo Múnera durante su periodo como designado. Según Torres: "Él (Múnera) sacó toda una disertación con una terrible interpretación jurídica de por qué no iba a borrar los grafitis. Mientras que esta administración, por lo menos, los borra de inmediato".
Finalmente, el docente lamenta el silencio del Ejecutivo y la falta de garantías adicionales. "Este gobierno, eso sí lo digo, ha tenido una complacencia con la violencia muy grande. Y lo estamos viendo a varios niveles. Dentro de la universidad es una expresión mínima de lo que está pasando a nivel nacional", expresó.
"Es tiempo de saber más para tener menos miedo. Pero no es el tiempo de imponer a la fuerza mi doctrina y mis ideas. Eso se llama fascismo. Y la universidad no tiene espacio para el fascismo", concluyó.



