Un viaje que se convirtió en pesadilla: 12 horas de Cali a Popayán
Diez días antes de la Semana Santa recién concluida, había publicado una columna asegurando que la carretera a Popayán no tendría contratiempos y que era improbable una toma guerrillera, basándome en los dispositivos de seguridad desplegados por autoridades civiles y militares para esos 116 kilómetros.
Incluso, ante la insistencia de una familia amiga, consulté con funcionarios del gobierno caucano y altos mandos militares, quienes ratificaron que no ocurriría ningún incidente en esa vía estratégica que conecta con Ecuador.
La cruda realidad en la carretera
Mi optimismo inicial se desvaneció cuando una amiga payanesa me relató su experiencia el lunes de Pascua: "Salimos de Cali a las 9 de la mañana y llegamos a Popayán a las 9 de la noche", describiendo un viaje de 12 horas interminables que normalmente tomaría una fracción de ese tiempo.
El trayecto estuvo marcado por dos obstrucciones prolongadas: una de seis horas y otra de tres horas. "Unos gigantones afros cubiertos de pies a cabeza y portando palos gruesísimos se apoderaron de la vía", impidiendo cualquier movimiento hacia adelante o retorno, dejando a los viajeros atrapados hasta que los bloqueadores decidieron permitir el paso.
La desesperación de los viajeros
Las llamadas de auxilio resultaron inútiles: algunas no se completaron por falta de señal, mientras otras recibieron respuestas evasivas de autoridades que prometían enviar tropas para despejar esta carretera internacional, promesa que nunca se materializó durante las horas críticas.
Los viajeros enfrentaron condiciones infrahumanas durante la espera, sin acceso a servicios básicos ni garantías de seguridad, hasta que finalmente pudieron reanudar su marcha hacia Popayán, la Ciudad Blanca del Cauca.
La respuesta de las autoridades y la resiliencia caucana
Durante toda la semana siguiente intenté contactar a mis fuentes informativas iniciales, quienes ahora "andan muertos de la pena", y a las autoridades que habían garantizado que no ocurriría nada. Ninguno dio la cara para explicar lo sucedido.
Los habitantes del Cauca demuestran un estoicismo ejemplar ante estas situaciones recurrentes, habiéndose acostumbrado a este tipo de humillaciones que soportan año tras año con una resistencia admirable.
Propuestas políticas y reflexiones finales
La candidata Paloma ha anunciado que su primera medida como presidenta sería militarizar estos kilómetros para evitar que la próxima Semana Santa repita esta vergüenza que afectó a los pocos turistas que se atrevieron a visitar la región este año.
El autor concluye con dos posdatas significativas: primero, un llamado a la unidad política entre palomistas y abelardistas para evitar que el heredero del Pacto Histórico gane las elecciones; y segundo, una defensa de la ciudad de Cali, instando a otros a hablar bien de ella también.
Mario Fernando Prado, administrador de empresas, abogado y periodista con más de 40 años escribiendo para El País, galardonado dos veces con el premio Simón Bolívar de periodismo, relata esta experiencia que contrasta dramáticamente con las garantías oficiales previas.



