Santa Marta: La eterna espera por el agua potable y la polémica que paraliza soluciones
En los barrios populares de Santa Marta, el acceso al agua potable sigue siendo un privilegio esquivo. Miles de familias almacenan el líquido vital en baldes y albercas, esperando que llegue el carrotanque o que, en el mejor de los casos, el servicio funcione durante algunas horas en la madrugada. Esta crisis crónica, que ha atravesado múltiples administraciones, parecía encontrar una solución definitiva con la construcción de una planta desalinizadora, pero ahora el proyecto se ve amenazado por desacuerdos políticos de alto nivel.
El cuestionamiento presidencial: ¿Agua para hoteles o para el pueblo?
Desde Montería, durante un Consejo de Ministros, el presidente Gustavo Petro expresó su preocupación al conocer la ubicación propuesta para la planta desalinizadora, cercana al sector de Gaira y al hotel Irotama. "¿Nuestra inversión pública es para el agua de los hoteles?", cuestionó el mandatario, dejando claro que no está dispuesto a invertir "medio billón de pesos" para beneficiar principalmente a cadenas hoteleras.
El presidente lanzó duras críticas contra funcionarios del Ministerio de Vivienda y del Viceministerio de Agua, preguntándose por qué los grandes hoteles no construyen sus propias plantas desalinizadoras si tienen los recursos para hacerlo. Esta intervención presidencial ha generado un nuevo capítulo en la larga historia de desacuerdos que han impedido solucionar definitivamente el problema del agua en la capital del Magdalena.
Defensa técnica: Un proyecto estructurado y avalado
Frente a las críticas presidenciales, la administración distrital y los equipos técnicos defienden la ubicación de la planta en Pozos Colorados. Luis Felipe Gutiérrez, secretario de Infraestructura de Santa Marta, aseguró que esta decisión fue tomada conjuntamente con el Gobierno Nacional y responde a criterios estrictamente técnicos establecidos en el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado.
La localización en el corredor sur permitiría abastecer directamente sectores como Gaira, La Paz y Cristo Rey, donde existen más de 10.000 usuarios vulnerables. Además, al producir agua en esta zona, el sistema actual podría liberar caudal hacia el norte, donde vive aproximadamente el 75% de la población samaria y se concentra la mayor crisis hídrica.
Isis Navarro, exgerente de la Essmar, recordó que el predio fue escogido por razones técnicas relacionadas con la extracción marina y la estabilidad de la planta, no por capricho. "No importa dónde esté la planta, importa que haya agua", afirmó, advirtiendo que convertir el debate en una lucha entre ricos y pobres termina perjudicando a los más vulnerables.
La respuesta del sector hotelero y turístico
El gremio hotelero y turístico, a través de Cotelco Magdalena, salió al paso de las declaraciones presidenciales, defendiendo la ubicación del proyecto y rechazando que esté diseñado únicamente para beneficiar al sector turístico. Según la organización, el impacto de la obra alcanzaría a más de 585 mil habitantes de la zona urbana, constituyéndose como una solución integral, no focalizada.
El gremio destacó que hoteles como Irotama generan empleo para cientos de familias en barrios populares y han invertido en plantas de tratamiento como parte de su compromiso ambiental. Además, recordaron que la localización responde a criterios técnicos establecidos en el Plan Maestro, viabilizado por el Ministerio de Vivienda en 2025, y hace parte de un proyecto estratégico para la Nación.
Una historia que se repite: promesas vs. realidades
En Santa Marta, la crisis del agua ha sido una constante que ha sobrevivido a múltiples administraciones, interventores y planes fallidos. La desalinizadora parecía marcar el inicio de una solución estructural, pero hoy vuelve a quedar en suspenso por desacuerdos políticos.
Mientras en las altas esferas se discute sobre la ubicación ideal de la planta, en los barrios donde el agua se raciona y almacena, la gente se pregunta si otra vez todo quedará en anuncios y promesas. "Parece que una vez más Santa Marta se quedó con los crespos hechos en la solución definitiva del agua", lamentó la exgerente de la Essmar.
Lo cierto es que, cuando por fin parecía haber una ruta clara para resolver el problema más sensible de la ciudad, el proyecto se expone nuevamente a la polarización política. En los barrios donde el agua llega en carrotanques o no llega por días, nadie discute si el lote queda al norte o al sur. Solo importa si mañana habrá agua para beber, cocinar y asearse.



