Adulto mayor en Tunja pide limosna para medicamentos que Nueva EPS no entrega
Adulto mayor pide limosna en Tunja por falta de medicamentos de EPS

Adulto mayor en Tunja recurre a la mendicidad para adquirir medicamentos que su EPS no provee

En un escenario desgarrador que evidencia las fallas del sistema de salud colombiano, Ana María García, una mujer de 84 años residente en Tunja, se ha visto obligada a pedir limosnas en las calles para poder comprar los medicamentos que la Nueva EPS dejó de suministrarle desde el año pasado. La paciente sufre de artrosis degenerativa y fibrosis, condiciones que le provocan dolores intensos y requieren tratamiento continuo con opioides.

La lucha diaria por un medicamento vital

Desde enero de 2026, Ana María acude cada día al dispensario de Discolmets en la capital boyacense, formando parte de largas filas que comienzan a gestarse desde la madrugada. Sin embargo, su espera termina sistemáticamente en frustración, ya que la entidad promotora de salud no le entrega la hidrocodona que necesita para calmar sus padecimientos. "Solamente Dios sabe... de verdad, no tengo palabras para describir el dolor al que me enfrento", expresó la octogenaria con visible angustia.

La situación ha alcanzado niveles críticos, forzando a esta adulta mayor a realizar acciones que nunca imaginó. "La cajita de 30 pastillas vale 180.000 pesos. A mí me toca pedir limosna para comprar mis medicamentos", reveló Ana María, describiendo cómo debe recurrir a la caridad de transeúntes y conocidos para financiar su tratamiento. Este opioide es fundamental para mitigar los síntomas de su artrosis degenerativa, una enfermedad que describe como "como si mi cuerpo se desmoronara, siento cómo se deshacen mis huesos".

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Una crisis que afecta a múltiples pacientes en Boyacá

El caso de Ana María García no es aislado en Tunja. Otros afiliados de la Nueva EPS enfrentan dificultades similares para acceder a sus medicamentos esenciales. Claudia Patricia Chaparro, diagnosticada con diabetes, insuficiencia renal y discapacidad visual, también acude diariamente al mismo dispensario sin recibir los fármacos que necesita desde inicios del 2026.

Estos dos rostros representan una tragedia compartida que afecta a numerosos pacientes en el departamento de Boyacá, poniendo en evidencia fallas sistémicas en la distribución y garantía de medicamentos por parte de la entidad de salud. La situación ha generado preocupación entre las comunidades médicas y de derechos humanos, quienes señalan el deterioro en la atención a poblaciones vulnerables.

La falta de entrega de medicamentos por parte de la Nueva EPS no solo compromete la calidad de vida de estos pacientes, sino que representa un riesgo grave para su salud integral. En el caso específico de Ana María, la ausencia del opioide necesario para su condición artrósica agrava su dolor crónico y limita significativamente su movilidad y bienestar general.

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