Ricardo Froilán Vargas: el nonagenario que mantiene viva la tradición de las pizarras artesanales
"Mi nombre es Ricardo Froilán Vargas", así presenta este hombre de 90 años, nacido el 5 de octubre de 1935, quien ha dedicado parte de su vida a un oficio poco común en la actualidad: la fabricación de pizarras, conocidas en Colombia como tableros.
El encuentro casual que dio origen a un emprendimiento
Varias veces lo había visto, a lo largo de los años, sentado en el muro que rodea el Círculo Infantil Pequeños Lenin, en Santa Clara. Hasta que la curiosidad pudo más y, con el pretexto de compartir un café, comenzó una conversación que revelaría una historia de resiliencia y creatividad.
"Lo de las pizarras se dio por casualidad", relata Ricardo. "Nosotros vendíamos mesas de dominó, herramientas de albañil, útiles de eso... Un día llegó una señora y preguntó: '¿Ustedes no hacen pizarras aquí para que los niños repasen en eso?'. 'No, no hacemos', le dijimos. Pero un día se nos ocurrió hacer una pizarra. Y aquella señora no vino más nunca. Fíjate...".
Así comenzó este singular emprendimiento. Ricardo explica que, aunque inicialmente pensaron en el uso educativo, "se dio el caso de gente que tiene un negocio para vender en la casa y comenzó a comprarlas para eso, porque se lo exigen. Tener una pizarra con todos los productos que tienen".
El proceso artesanal detrás de cada pizarra
Junto a su socio Julio Gómez, Ricardo fabrica estas pizarras con materiales específicos y un meticuloso proceso:
- Material base: Utilizan cartón soviético, del tipo empleado en escaparates.
- Estructura: Miden el cartón, colocan dos listones y lo precintan.
- Acabado: Primero lo pintan con pintura de aceite, de agua o vinil para proteger los listones.
- Detalles finales: Añaden bordes decorativos, un palito trasero para sostenerla y material de piel para engancharla abajo.
Su punto de venta está en la esquina de Calle Tristá, entre Virtudes y Amparo, "por donde más tránsito" según Ricardo. "Ya eso se ha hecho famoso aquí", comenta con orgullo. "En mi casa a veces estoy acostado allá y viene una gente y me pregunta: '¿Oiga? ¿No tiene pizarritas?'. Y me levanto y le vendo".
Una vida de trabajo: del albañil al artesano
Ricardo no siempre se dedicó a las pizarras. "Soy albañil desde que tenía 15 años. Albañil bueno", afirma con convicción. Su trayectoria laboral es extensa y variada:
- Construcción universitaria: Trabajó en casi todos los edificios de la Universidad Central de Las Villas entre 1952 y 1962, incluyendo el teatro, la biblioteca, el rectorado y el edificio de humanidades.
- Obras emblemáticas: También participó en la construcción del Santa Clara Libre y administró dos bodegas.
- Formación especializada: Estuvo dos semestres en un curso universitario, aunque no pudo continuar por sus responsabilidades familiares y laborales.
- Trabajo militar: Colaboró en construcciones militares, haciendo refugios para tanques y casamatas, e incluso viajó a La Habana para un curso de inspector de hormigón.
A sus 90 años, Ricardo enfrenta desafíos económicos. "Mi retiro son 1.528 pesos. Con las pizarras estamos escapando...", confiesa. Sin embargo, su espíritu perseverante lo mantiene activo.
La espera paciente bajo el sol de Santa Clara
Y ahí sigue, alternándose con su socio Julio, sentado bajo el sol esperando que alguien se acerque y pregunte: "¿cuánto valen las pizarras?". Su historia no es solo la de un fabricante de pizarras, sino la de un hombre que, a través de décadas de trabajo, ha visto transformarse su comunidad mientras mantiene viva una tradición artesanal.
En un mundo donde lo industrial desplaza a lo manual, Ricardo Froilán Vargas representa la resistencia de los oficios tradicionales, la adaptabilidad de los trabajadores mayores y el ingenio que surge cuando la necesidad se encuentra con la oportunidad.



