Colombia lidera iniciativa global para evitar desigualdad en futuras pandemias
La pandemia de COVID-19 dejó una imagen imborrable en la memoria colectiva: naciones desarrolladas avanzando rápidamente en sus campañas de vacunación mientras países de América Latina, incluida Colombia, esperaban su turno en una fila interminable. Esta espera, que en contextos de emergencia sanitaria se traduce directamente en pérdida de vidas, evidenció las profundas desigualdades del sistema global de salud.
Un sistema que falló a quienes contribuyeron
Lo más paradójico de esta situación fue que los países latinoamericanos, incluyendo a Colombia, no fueron meros espectadores pasivos durante la pandemia. Contribuyeron activamente con datos epidemiológicos valiosos, sistemas de vigilancia sanitaria y participación en ensayos clínicos que fueron fundamentales para el desarrollo de vacunas y tratamientos. Sin embargo, cuando llegó el momento de acceder a estas soluciones médicas, se encontraron al final de la cola.
"Esto no fue casualidad ni mala suerte", señala el análisis. "Fue el resultado directo de reglas internacionales que no garantizan que quienes contribuyen al desarrollo de soluciones médicas también se beneficien de ellas de manera oportuna y equitativa."
Negociaciones cruciales en Ginebra
Esta semana, en la ciudad suiza de Ginebra, se desarrolla la ronda final de negociaciones del anexo del Acuerdo sobre Pandemias que definirá el sistema PABS (Acceso a Patógenos y Reparto de Beneficios). Aunque pueda parecer un debate técnico y lejano, estas discusiones determinarán concretamente:
- Quiénes tendrán acceso prioritario a vacunas y tratamientos
- Cómo se compartirán muestras y datos epidemiológicos
- Qué recibirán a cambio los países que contribuyen con investigación
Para Colombia, este no es un debate abstracto o académico. Durante la pandemia, organizaciones como Médicos Sin Fronteras documentaron cómo las comunidades más vulnerables –incluyendo poblaciones afectadas por el conflicto armado y personas migrantes– enfrentaron barreras adicionales para acceder a atención médica oportuna.
Las consecuencias humanas de la desigualdad
Cuando el acceso a herramientas médicas esenciales se retrasa, las consecuencias son tangibles y devastadoras:
- Personas que no reciben diagnóstico oportuno
- Pacientes que no acceden a tratamientos en ventanas terapéuticas críticas
- Comunidades enteras que quedan expuestas mientras otras se protegen
- Muertes que podrían haberse evitado con intervenciones tempranas
"No podemos seguir aceptando un sistema donde la desigualdad es la regla", enfatiza el análisis. "Una espera que cuesta vidas no es aceptable bajo ningún parámetro ético o sanitario."
El liderazgo colombiano en la búsqueda de soluciones
Colombia ha asumido un papel activo y protagónico en las discusiones internacionales para construir un sistema más justo. Este liderazgo se fundamenta en la experiencia directa de haber estado en el lado menos favorecido de la distribución global durante la emergencia del COVID-19.
El país aboga por un sistema que garantice:
- Acceso real y oportuno a vacunas, tratamientos y diagnósticos
- Criterios basados en necesidades de salud pública, no en capacidad de pago
- Transferencia de tecnología que permita producción local y regional
- Mecanismos obligatorios, no voluntarios, de distribución equitativa
Un principio fundamental: en pandemia, nadie queda afuera
La pandemia demostró una verdad epidemiológica fundamental: cuando algunos países o comunidades se quedan atrás en la respuesta sanitaria, el riesgo persiste para todos. Los virus no respetan fronteras ni acuerdos comerciales, y las variantes emergen precisamente donde la cobertura vacunal es insuficiente.
"Compartir información, datos epidemiológicos y, en muchos casos, participación en investigaciones clínicas no puede seguir alimentando un sistema donde unos pocos se benefician mientras la mayoría espera", concluye el análisis.
El momento de cambiar las reglas del juego ha llegado. Colombia, desde su experiencia y su posición regional, tiene la oportunidad histórica de impulsar un acuerdo internacional que garantice que en la próxima pandemia –que los expertos coinciden en que no es cuestión de si ocurrirá, sino de cuándo– nadie vuelva a quedarse atrás esperando lo que podría salvar su vida.



