Un estudio liderado por investigadores del Instituto Max Planck de Geoantropología (Alemania) y la Universidad de Cambridge (Reino Unido) revela que la malaria jugó un papel determinante en la expansión de los primeros humanos por África. Durante décadas, las explicaciones sobre este proceso se centraron casi exclusivamente en el clima. Sin embargo, cada vez hay más evidencias de que las enfermedades infecciosas también fueron protagonistas.
La malaria como barrera para los asentamientos
Según Margherita Colucci, primera autora del estudio, "la malaria fue una limitación importante para los asentamientos humanos en África subsahariana". Las zonas con alto riesgo de transmisión solían ser poco adecuadas para una ocupación prolongada, especialmente antes de la aparición de adaptaciones genéticas como la mutación asociada a la anemia falciforme. Esta presión contribuyó a dibujar el mapa humano durante milenios: las poblaciones prefirieron regiones con menor riesgo o no lograron sobrevivir en áreas de alta transmisión.
Reconstrucción del riesgo de transmisión
El trabajo, publicado en Science Advances, analiza el impacto de la malaria, causada por Plasmodium falciparum, entre hace 74.000 y 5.000 años. El equipo reconstruyó la distribución pasada de mosquitos Anopheles —vectores de la enfermedad— mediante modelos climáticos y ecológicos, y estimó el riesgo potencial de transmisión a lo largo del tiempo. "Combinamos modelos de distribución de especies de mosquitos con datos paleoclimáticos y epidemiológicos", explica Colucci.
Fragmentación y diversidad genética
Al comparar esos mapas con reconstrucciones de la distribución de poblaciones humanas basadas en datos arqueológicos, los investigadores observaron un patrón claro: los humanos evitaban o no lograban asentarse en zonas con alto riesgo de malaria. Este patrón comenzó a cambiar hace unos 15.000 años en África occidental, coincidiendo con la aparición de la mutación de la anemia falciforme, que ofrece protección parcial. La enfermedad contribuyó a fragmentar las poblaciones durante milenios, afectando el intercambio genético.
Malaria antes de la agricultura
Uno de los hallazgos más relevantes es que la malaria ya alcanzaba niveles muy altos hace unos 13.000 años, mucho antes del inicio de las prácticas agrícolas, que suelen asociarse al auge de enfermedades infecciosas. Esto cuestiona la idea de que la aparición de enfermedades como esta esté ligada únicamente a los cambios en el estilo de vida humano durante el Neolítico.
Implicaciones para la evolución humana
La investigación abre una vía novedosa para estudiar el papel de las enfermedades en la prehistoria. "Las enfermedades rara vez se han considerado un factor importante en la prehistoria más temprana", señala Eleanor Scerri. "Nuestro trabajo cambia esa narrativa". Para Colucci, estos resultados también tienen implicaciones actuales: integrar enfermedades junto a clima, ecología y genética puede ayudar a entender mejor cómo surgen los patógenos y cómo cambian su distribución, especialmente en relación con el clima.
En conjunto, los resultados sugieren que la malaria no fue solo un desafío sanitario, sino un factor clave en la configuración del mapa humano en África y en la evolución de Homo sapiens.



