Nombramientos políticos en salud: ¿solución o agravamiento de la crisis del sistema?
Nombramientos políticos agravan crisis de salud en Colombia

Nombramientos políticos en medio de la crisis sanitaria

En plena campaña electoral, la respuesta del presidente Gustavo Petro para intentar apagar los incendios en el sistema de salud colombiano ha sido nombrar a dos políticos con considerable caudal electoral, caracterizados más por su hostilidad que por sus conocimientos del sector. Jorge Iván Ospina, médico y exalcalde de Cali, y Daniel Quintero, exalcalde de Medellín imputado por delitos contra la administración pública, llegan a la Nueva EPS y a la Superintendencia Nacional de Salud respectivamente.

Contexto de descontento generalizado

Estos nombramientos ocurren simultáneamente con marchas de profesores por la baja calidad en el servicio, el aumento constante de las deudas del sistema, la angustia expresada por organizaciones de pacientes y la demostración continua de que el gobierno de Petro no ha sido capaz de corregir el curso de la crisis sanitaria. La situación se agrava día a día mientras las soluciones efectivas brillan por su ausencia.

El modelo estatizado y sus contradicciones

El presidente Petro ha planteado que la mejor solución para el sistema de salud en crisis es llegar a una estatización donde sean la nación y las entidades territoriales las encargadas de los aspectos principales de la administración del acceso al derecho fundamental a la salud. Por esta razón declaró la intervención de varias EPS, incluyendo la más grande del país, Nueva EPS, que pretende convertirse en el eje de ese modelo estatizado.

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En este mismo camino se ha estigmatizado básicamente a todo el sector privado que ha sido parte del sistema, mientras se les repite una y otra vez a los colombianos que la quiebra es culpa exclusiva de unos actores corruptos que están en contra del país. Esta narrativa simplifica un problema complejo y multifacético.

La crisis persistente en las instituciones

Nueva EPS: de interventor en interventor

Varios años después de la intervención, la Nueva EPS sigue sumida en una profunda crisis, pasando de un interventor a otro sin claridad sobre cómo el Gobierno ha mejorado su funcionamiento. El manejo de las finanzas continúa siendo opaco, las peleas internas son bien conocidas por la opinión pública y las quejas de los usuarios se vuelven cada vez más angustiosas y frecuentes.

Supersalud: punta de lanza conflictiva

En la Superintendencia Nacional de Salud, que se convirtió en la punta de lanza de la Casa de Nariño contra la crisis y el sector privado, las peleas no han cesado. Bernardo Armando Camacho, el último superintendente, renunció empujado por el Gobierno por contradecir al presidente Petro en sus deseos. Se han conocido versiones dentro de la entidad de control que denuncian falta de diligencia en el actuar con las EPS intervenidas.

La respuesta: más confrontación que solución

Daniel Quintero, desde su nombramiento, utiliza diariamente su cuenta de X para atacar al "uribismo", a candidatos presidenciales, a la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín, prometiendo una cruzada anticorrupción que más parece una venganza teledirigida. Carlos Carrillo, director de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, ha señalado acertadamente que "la corrupción ha corroído hasta los cimientos las estructuras políticas, por eso termina normalizándose y tácitamente considerándose algo inevitable".

Cuestionamientos fundamentales

Surgen preguntas cruciales: ¿por qué una persona imputada por delitos contra la administración pública es la mejor y única posible para liderar la Supersalud? Y, respecto a Jorge Iván Ospina, ¿por qué un político también cuestionado por escándalos de contratación durante su alcaldía en Cali es la solución para el esperpento burocrático que es la Nueva EPS?

La preocupación crece sobre si los ojos de la Casa de Nariño están más enfocados en los votos que puedan acercar estos dos personajes en elecciones próximas que en resolver la crisis de salud que afecta a millones de colombianos. Mientras tanto, sufre la salud de todos los ciudadanos, quienes ven cómo sus derechos fundamentales se ven comprometidos por decisiones aparentemente más políticas que técnicas.

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Un diagnóstico compartido

Todas las voces razonables en este debate apuntan a lo mismo: la administración Petro ha subestimado gravemente el problema del sistema de salud y su enfoque confrontacional para enfrentarlo solo empeora el asunto. La complejidad de la crisis sanitaria requiere soluciones técnicas, consensuadas y alejadas de la polarización política que caracteriza estos nombramientos.

El sistema de salud colombiano necesita urgentemente una dirección clara, transparente y efectiva, no más protagonismo político ni batallas ideológicas que distraen de la atención prioritaria que requieren los pacientes. La salud de la nación no puede ser moneda de cambio en estrategias electorales ni campo de batalla para enfrentamientos partidistas.