Descubren mecanismo molecular que explica la pérdida de apetito durante infecciones intestinales
Un equipo de investigadores de la Universidad de California en San Francisco ha identificado por primera vez la vía molecular precisa que explica cómo el intestino, el sistema inmunitario y el cerebro se coordinan para reducir el apetito durante infecciones parasitarias. El estudio, publicado en la prestigiosa revista 'Nature', revela un mecanismo de comunicación celular que podría tener implicaciones para comprender trastornos digestivos como el síndrome del intestino irritable.
La conexión intestino-cerebro durante infecciones
Durante infecciones intestinales, muchas personas experimentan una disminución significativa del apetito, un fenómeno observado frecuentemente pero que carecía de una explicación detallada sobre la interacción entre los sistemas inmunitario, digestivo y nervioso. La nueva investigación, realizada en modelos animales, describe el proceso molecular completo que desencadena este cambio de comportamiento alimentario.
David Julius, coautor principal del estudio, explica: "La pregunta que queríamos responder no era solo cómo el sistema inmunitario combate a los parásitos, sino cómo recluta al sistema nervioso para modificar el comportamiento. Resulta que existe una lógica molecular muy elegante que explica cómo sucede esto".
Mecanismo celular identificado
El trabajo científico se centró en dos tipos celulares especializados del intestino:
- Células en penacho: Actúan como sensores que detectan parásitos y activan respuestas inmunitarias iniciales
- Células enterocromafines (EC): Liberan señales químicas hacia el sistema nervioso, asociadas tradicionalmente con sensaciones como náuseas o dolor
La investigadora Koki Tohara observó que, al exponer células en penacho al succinato (una molécula generada por gusanos parásitos), estas liberaban acetilcolina. Posteriormente, al aplicar este compuesto sobre tejido intestinal con células EC, se desencadenó la liberación de serotonina, lo que activó fibras del nervio vago que transmiten señales directamente al cerebro.
"Lo que descubrimos es que las células en penacho hacen algo que hacen las neuronas, pero mediante un mecanismo completamente diferente", indicó Tohara. "Utilizan acetilcolina para comunicarse, pero sin la maquinaria celular habitual de la que dependen las neuronas para liberarla".
Fases temporales de la respuesta
El equipo identificó que la liberación de acetilcolina ocurre en dos etapas diferenciadas:
- Una fase inicial breve inmediatamente después de la detección del parásito
- Una fase posterior sostenida que se produce cuando el sistema inmunitario ya está completamente activado
Esta segunda fase coincide temporalmente con la disminución del apetito observada días después del inicio de la infección. Richard Locksley, coautor del estudio, señaló: "En mi laboratorio llevamos mucho tiempo interesados en cómo las células en penacho, después de responder inicialmente a una infección parasitaria, liberan señales a otros tipos de células".
Evidencia experimental en modelos animales
Para validar el mecanismo identificado, los investigadores realizaron pruebas en ratones infectados con un parásito intestinal. Los animales con células en penacho funcionales redujeron significativamente su ingesta de alimentos a medida que avanzaba la infección. En contraste, los ratones modificados genéticamente para no producir acetilcolina en estas células mantuvieron su consumo habitual de alimentos.
Los resultados confirman que la vía molecular identificada interviene directamente en la regulación del apetito durante infecciones parasitarias. Además, dado que las células en penacho están presentes en otros órganos como las vías respiratorias, la vesícula biliar y el sistema reproductivo, este descubrimiento sugiere posibles implicaciones en distintas condiciones relacionadas con el dolor visceral y diversos trastornos intestinales.
Julius añadió: "Esto explica por qué al principio te sientes bien, pero luego empiezas a sentirte mal a medida que la infección se establece. El intestino básicamente espera a confirmar que la amenaza es real y persistente antes de indicarle al cerebro que cambie tu comportamiento".



