Dolor de rodilla: cómo identificar síntomas y actuar correctamente
El dolor de rodilla es una molestia frecuente que puede originarse por uso excesivo, lesiones deportivas o enfermedades inflamatorias. Distinguir entre molestias temporales y afecciones que requieren atención médica especializada es fundamental para actuar oportunamente y evitar complicaciones mayores en la articulación.
Tipos de dolor: agudo versus crónico
Los especialistas clasifican el dolor de rodilla principalmente en dos categorías: dolor agudo y dolor crónico. El dolor agudo es reciente y generalmente está vinculado a un desencadenante específico, como un esguince, una caída o actividad física intensa. Por el contrario, el dolor crónico persiste durante tres meses o más, muchas veces sin un factor inicial claramente identificable.
Entre las causas comunes del dolor agudo se encuentran las lesiones traumáticas evaluadas por traumatólogos y, desde la perspectiva reumatológica, la gota, una inflamación provocada por exceso de ácido úrico que puede afectar la rodilla. Otras inflamaciones menos frecuentes incluyen la artritis infecciosa y la artritis reactiva, donde una infección en otra parte del cuerpo desencadena inflamación en la articulación.
En el caso del dolor crónico, la principal causa es la osteoartritis, que produce dolor progresivo y limitación funcional, siendo una de las razones más habituales de molestias persistentes en la rodilla.
Estructuras de la rodilla más afectadas
Las lesiones más frecuentes en la rodilla, según los expertos, involucran tres estructuras principales:
- Menisco
- Ligamentos
- Cartílago
El dolor de rodilla puede presentarse con cualquiera de estos tipos de lesiones, ya sean traumáticas, por desgaste articular producto del envejecimiento biológico, o producidas por inflamación consecuencia de alguna enfermedad reumatológica.
En las enfermedades reumatológicas, la inflamación puede afectar diversas estructuras. En la gota, ocurre en la membrana sinovial que recubre la articulación; en la osteoartritis, se ven afectados el cartílago, la membrana sinovial y el hueso subyacente. También es frecuente la inflamación de los tendones, especialmente en la zona del pie de ganso, que puede confundirse o coexistir con osteoartritis.
Diferenciar entre dolor muscular y articular
Es crucial distinguir entre dolor muscular y dolor articular. El dolor muscular suele relacionarse con movimientos específicos y no aparece en reposo, mientras que los problemas articulares generan molestias al soportar peso sobre la rodilla. La historia clínica y el examen físico permiten identificar el origen mediante maniobras que evalúan músculos, tendones y articulación.
Señales de osteoartritis
La sospecha de osteoartritis surge ante dolor crónico en articulaciones como rodilla, tobillo, columna, base del pulgar y dedos. El dolor empeora con el esfuerzo, mejora con el reposo y se acompaña de limitación del movimiento. Factores como edad, antecedentes familiares y otras enfermedades ayudan a establecer el diagnóstico preciso.
Tratamiento en casa y precauciones necesarias
Para dolor leve sin inflamación significativa, es posible iniciar tratamiento en casa con reposo, aplicación de hielo y, eventualmente, antiinflamatorios tópicos u orales bajo supervisión médica. El hielo se recomienda cuando hay hinchazón; después de tres o cuatro días, se puede aplicar calor para mejorar la circulación y absorber hematomas o edema.
Se desaconseja enfáticamente la automedicación sin evaluación profesional. Se considera aceptable esperar de dos a tres días para observar la evolución del dolor leve. Si no mejora, se recomienda consulta con un especialista. Los médicos advierten que subestimar el dolor puede retrasar el tratamiento adecuado y agravar la condición.
Señales de alerta que requieren atención médica inmediata
Los síntomas que indican la necesidad de evaluación médica urgente incluyen:
- Hinchazón o derrame articular
- Dolor persistente que no cede
- Sensación de calor en la articulación
- Limitación funcional significativa
- Sonidos crujientes acompañados de dolor
- Bloqueo de la rodilla
- Sensación de inestabilidad al caminar
Estos signos pueden reflejar lesiones graves o procesos inflamatorios que necesitan diagnóstico preciso y tratamiento especializado.
Uso de pruebas de imagen en el diagnóstico
La historia clínica y la exploración física son fundamentales y en muchos casos suficientes para iniciar tratamiento. Las pruebas de imagen, como radiografías o resonancias magnéticas, sirven para evaluar la magnitud del problema, pero no son obligatorias en todos los casos clínicos.
Prevención del dolor de rodilla
Mantener un peso saludable reduce considerablemente la tensión sobre la articulación de la rodilla. La actividad física regular, que combine ejercicio aeróbico, entrenamiento de fuerza y estiramientos, contribuye a la prevención de enfermedades degenerativas.
Controlar afecciones como diabetes, hipertensión y síndrome metabólico también beneficia la salud articular. El uso de calzado adecuado y atención a la postura corporal es relevante, especialmente durante deportes o actividades de alto impacto que puedan comprometer las rodillas.